Voluntad II parte: Educar la voluntad

Voluntad II parte: La educación de la voluntad.
Educación de la voluntad
En una entrada anterior hablamos un poco de la idea de voluntad.
Un concepto, hoy día,  muy confuso y plagado  de equívocos. Se suele considerar que la voluntad es algo innato, que es una sola cualidad y que es algo puntual. Falso. La voluntad se trabaja y educa, y desde bien temprana edad. Es, además, el resultado de cuatro habilidades  y no solo una y  es un proceso que se mantiene en el tiempo no algo puntual. Pinchad aquí (Voluntad primera parte) para leer esto con más  detalle.
 Precisamente como resultado de que la voluntad es un proceso que se mantiene en el tiempo y no algo puntual, muchas veces, con el paso del tiempo, decaemos en nuestra actitud y perdemos la voluntad con la que por ejemplo estábamos siguiendo la dieta o un ritmo adecuado de estudio o de entrenamiento físico o lo que sea.  A pesar de ser conscientes de las ventajas de seguir con esa actitud, decaemos y si nos hace imposible no caer en la tentación “¿Por qué no comerme ese delicioso dulce” “¿Merece la pena vivir así?” Eso es porque hay un componente fundamental que envuelve a todas nuestras acciones. El componente emocional.  No siempre nos encontramos con el mismo ánimo. Para luchar con este “inconveniente” podemos beneficiarnos del hábito, de la costumbre. “Los hábitos son nuestra segunda naturaleza”.  Una vez que hemos automatizado ciertos procesos (hábitos) el proceso de la voluntad sigue su curso y puede escapar a los momentos de debilidad o de duda. Igual ocurre pero en sentido contrario con los malos hábitos.

Otra idea errónea y muy extendida es asociar la voluntad como algo contrario a la libertad. Se asocia a algo impuesto y donde falta la autonomía. Bien entendido, la voluntad, es justo lo contario. Precisamente voluntad y libertad van de la mano. Se es más libre cuanta más veces se puede decir no a más cosas. Si claudicamos a nuestros deseos, aparentemente tenemos más libertad. Más posibilidad de “elegir” pero es una falacia. Realmente es cuando menos elegimos. Seríamos esclavos de nuestros deseos. Pues bien, en este contexto, voluntad y libertad son términos hermanos. La libertad y la voluntad es la capacidad de decir no. De evitar seguir un curso de acontecimientos impuestos  y  aparentemente disfrazados por la libertad de su elección.  En definitiva, la libertad quizás sea la expresión de liberarse de la tiranía del impulso y del deseo. Del aquí y ahora. Y sea más bien la capacidad de postergar recompensas y perseverar en el esfuerzo para alcanzar una meta no inmediata.
El lenguaje es un instrumento muy interesante para sondear los entresijos de nuestro cerebro. El lenguaje, al igual que un sónar analiza las profundidades marinas, nos rastrea el funcionamiento y procesamiento que hace nuestro cerebro de las cosas. En el siglo XVI la palabra espontáneo derivada como adaptación del término latino sponte, significaba “voluntariamente”. Pero hoy día significa justo lo contrario “automático” “indeliberado” “instintivo” “involuntario” “irreflexivo”. Voluntad, etimológicamente procede del latín voluntas que significa querer y querer significaba originalmente "buscar". Buscar objetivos y luchar por alcanzarlos.  No confundir con el deseo, que puede ser efímero y caprichoso. No se es más libre cuando se hace lo que le apetece a uno sino cuando haces aquello que te hace más persona. La voluntad es, pues, ,una capacidad tan importante para el desarrollo de la persona que bien debiera ser el principio y el final de la educación. Nada es difícil si hay voluntad. Y buena parte del éxito de una persona depende de su educación de la voluntad.
En la actualidad el concepto de voluntad, otrora tan utilizado,  parece desaparecido y desde la psicología intentan ocupar su espacio con la motivación. Hay una gran confusión. Incluso en muchas resoluciones judiciales se exonera al individuo de cualquier culpabilidad considerándolo como una máquina sin control. Un juez absolvió a una madre que había matado a su bebé, alegando que después del parto, el desequilibrio hormonal  puede provocar estados anormales en la mujer.
La voluntad podría definirse como la capacidad para ponerse objetivos y l luchar hasta ir alcanzándolos. Es una capacidad adquirida no innata. Que se puede educar y trabajar. Para ello es importante no  buscar resultados inmediatos sino mediatos, sacrificar lo cercano por lo lejano.

¿Cómo educar la voluntad?
El psiquiatra, Enrique Rojas Marcos, en su libro "No te rindas" (Editorial Temas de hoy) enuncia unos principios que de manera resumida son estos:
1. La voluntad necesita de un aprendizaje gradual que se consigue con la repetición de actos, en donde uno se vence y lucha y a veces puede caer para volver a levantarse  y empezar. Hay que adquirir hábitos positivos.
2. Inhibir el impulso. La voluntad tiene mucho de ascético y esforzado.
3. Mejorar la voluntad es más fácil si hay motivación. La motivación ayuda a mantener nuestro proyecto, puesto que la voluntad no es algo puntual sino un proceso continuo. Por eso, muchas veces abandonamos en nuestras empresas. Por ejemplo, cuando intentamos mantener una dieta para adelgazar, al principio vamos bien, pero siempre tenemos que luchar                               contra el deseo, hasta que, a pesar de ser conscientes de los beneficios de nuestra actitud, abandonamos. Nos cansamos de estar luchando siempre contra el deseo.
4. Hay que ser ordenado. El orden empieza por nuestra habitación, nuestro lugar de trabajo o lugar donde funcionamos. Orden en los horarios. la cabeza. El orden es algo fundamental y empieza en nuestra cabeza, el que no sabe lo que quiere no consigue nada.
5. Ser constante. Tenaz. No abandonar las cosas si se tuercen.
6. Se llega más lejos con la voluntad que con la inteligencia y una persona sin voluntad queda a la deriva de los caprichos, tiranizado por la filosofía del aquí y ahora.
7. No se puede abarcar más de lo que realmente se puede. Aprender a renunciar es sabiduría.
8. La educación de la voluntad se retroalimenta y no se termina nunca. Siempre se puede mejorar. En definitiva todo lo grande es hijo del esfuerzo y la renuncia.
Es cierto que estos principios son en cierto modo tautológicos. Causa y consecuencia unos de otros pero pueden constituir una buena hoja de ruta para orientar a nuestros hijos. Ya se sabe que un buen padre vale más que cien maestros.
Hoy día, a pesar del gran peso que tuvo la voluntad en la Psicología en la mitad del siglo pasado, está casi desaparecida. Su espacio lo intentan llenar con la "motivación". Pero explicar en qué consiste la motivación será el tema de la próxima entrada.
Espero que les haya resultado interesante. Por favor, hagan sus comentarios. Yo también quiero aprender de sus reflexiones y puntos de vista al respecto.

Comentarios

  1. Recuerdo haber hablado ya de este tema que me parece muy interesante.Es cierto que a veces es difícil no tirar la toalla,sobre todo en algunos aspectos de la vida o en algunas situaciones,pero también lo es que debemos luchar por nohacerlo.
    Me he fijado, sobre todo,en esa frase " un buen padre vale más que cien maestros". Es verdad pero también lo es, y tú que participas de ambas funciones lo sabes,que la labor de ambos debe ser complementaria, ayudarse para ayudar al niño. Mi nieto tuvo al principio de Primaria una maestra que desanimaba a niños y padres; de él le llegó a decir a mi hija que no esperara jamás más de un suficiente pelado. Cuando el niño,y como él muchos de sus compañeros, cambió al curso siguiente de maestra parecía que le habían dado la vuelta. Padres y maestros/profesores, deben actuar de común acuerdo en la educación de los niños y más ,si cabe, en esto de la voluntad.

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  2. Totalmente de acuerdo. Padres y profesores están en el mismo barco y su objetivo coincide plenamente: el desarrollo como personas de nuestros hijos.

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