EL ARTE DE MANTENER LA CALMA

EL ARTE DE MANTENER LA CALMA Este libro es un pequeño tratado a modo de manual sobre la gestión de la ira basado en las ideas de Séneca. El cordobés que allá por el siglo I (d.C) hizo fortuna y fama en la Roma imperial y que, por paradojas de la vida, aunque puedo escapar de la ira del emperador Calígula que según el historiador Suetonio (no está claro) quiso nombrar cónsul a su caballo Incitatus, ya no pudo hacerlo finalmente con su sucesor Nerón (Aquel que mandó quemar Roma y se vio obligado a quitarse la vida cortándose las venas en una bañera..El autor de este tratado es James Room que, con todos mis respetos, lo que hace es resumir y comentar las enseñanzas de Séneca relacionadas con la ira, esa emoción tan violenta, destructiva y fugaz que, de cuando en cuando, ( a algunos de mucho en mucho) nubla las entendederas buscando resarcirnos con la venganza de manera inmediata y drástica sin reparar en proporcionalidad, mesura, conveniencia o perdón. La única ventaja que yo le veo a la ira (admito réplicas) es que te permite liberar energía (furia) para superar un gran obstáculo que de otro modo, de una manera pausada y sosegada no podría uno acometer en la vida. Aunque lo más habitual es que la ira se desate por causas que aun siendo molestas luego no compensan el desastre originado por la ira. De hecho, Séneca decía que la ira era una especie de locura, porque nos hace darle máxima importancia a lo que no la tiene en absoluto. En este manual sobre la ira lo que nos dice (traduce el autor) sobre la ira es que conviene “Distanciarse un poco y reírse de la causa que nos enoja. La ira es la emoción más intensa, destructiva e irresistible de las pasiones. Se parece a saltar por un precipicio, una vez dando el brinco al abismo ya no hay marcha atrás y las consecuencias suelen ser devastadoras. Antes de dar ese pequeño salto a un gran desastre conviene respirar hondo… y contar hasta mil si es preciso. Una idea interesante que apunta Séneca sobre la ira y que no está muy trillada es la del perdón. La ira suele surgir como un mecanismo para resarcirnos de una ofensa o daño material o moral (sobre todo moral) que consideramos nos infligen, pero si tenemos en cuenta que la gente se puede equivocar y que hierra entonces quizás podamos perdonar y eso perdón actuar como un freno de seguridad a soltar la válvula de la ira que una vez abierta puede quemarnos. El ensayo original de Séneca sobre la ira está disfrazado de diálogo. Un diálogo ficcionado con su hermano Novato, su hermano mayor, que ocupaba un escaño en el senado, por tanto, en realidad Séneca no se dirige solamente a su hermano si no a todos los miembros de la élite romana y por extensión hoy día a todo el mundo. Para Séneca la ira no es más que una locura breve y transitoria. Y como algo curioso es una emoción muy difícil de ocultar, como en el resto de animales que cuando están a punto de atacar dan señales claras de su agresividad, como los toros corneando al aire y escarbando el suelo con las pezuñas, los jabalíes soltando espuma por la boca, los gatos erizándosele el pelo… La ira como el resto de las pasiones son más fáciles de reprimir que de gobernar. Es mejor cortar su entrada que moderar después su paso y en este aspecto la ira es peligrosa. No hay pasión más sedienta de venganza que la ira, y precisamente por eso, es la menos adecuada para ejercerla. “Nada peor que la ira para el que ha de administrar un castigo. Los castigos cumplen mejor su función correctiva cuando más sólido sea el juicio que los impone”. Por esta razón Sócrates dijo a su esclavo <>.
Los remedios que propone Séneca a la ira son dos: No sucumbir ante ella y no cometer barbaridades en caso de hacerlo. Porque la ira al igual que la salud se gana de dos maneras. Una, manteniéndola y otra haciendo cosas para restaurarla cuando se pierde. Para combatir la ira, muy importante educar desde la infancia. Educar en el respeto y a competir pero respetando al rival en el caso de victoria y saber recibir el éxito y el aplauso pero sin caer en la complacencia, porque la complacencia engendra orgullo, éste hace crecer al ego y al engreimiento antesala del personaje iracundo. Para los mayores, evitar la ira requiere reflexión no dar por sentado la intención de dañarnos de la gente. No pensar en la intención del agravio de primeras y después no te enfades por naderías. “Solo al holgazán le duele la espalda por el trabajo ajeno”. Un apunte interesante de Séneca sobre la ira es cuando la descargamos sobre objetos que no tienen culpa ninguna. Es absurdo volcar nuestra ira en objetos. Una característica de la ira es que a diferencia de otras emociones o pasiones esta es súbita e implacable muy rápidamente se dispara escapando a nuestro control, de ahí la importancia de atajarla de inmediato cuando aún se está a tiempo. La ira, por otra parte, nos permite alcanzar un signo de grandeza que es la de poder permanecer imperturbable ante las adversidades y esto es muy importante: saber qué lugar ocupamos en el mundo y cuáles son nuestras capacidades reales. Demócrito decía que para vivir con tranquilidad hay que procurar que nuestras obligaciones, tanto públicas como privadas, no sean demasiadas ni superiores a nuestras fuerzas. Antes de emprender algo, mide tus fuerzas, la magnitud de la tarea y tu propia preparación, pues la frustración del fracaso es causa habitual de enojo y de la ira. Ten expectativas realistas: que no te sorprenda el éxito. Otra cosa muy característica de la ira y el enfado es que somos muy selectivos. Permisivos con nosotros y duros con los demás. Siempre tenemos los defectos ajenos ante los ojos y los propios a la espalda. El derrochón ve el gasto en los demás y no en él. El que no deja hablar a los demás ve esas faltas en quienes le rodean nunca en él mismo, etc.… El mejor remedio para la ira es la demora. Si consigues demorar la ira verás cómo esta a pesar de sus fuertes impulsos al principio irán menguando como la cresta de la ola rota orilla adentro. Y piensa esto cuando te resulte difícil perdonar: Qué pasaría si todo el mundo fuese implacable. Si nadie perdonara, si no hubiera segundas oportunidades, desde luego este mundo tendría un recorrido muy corto. Recuerda con la ira que es más fácil no entrar en una pelea que salirse una vez iniciada y más aún sin daño y más aún con victoria. No hay aspereza que no resista una buena dosis de mano izquierda. También muy útil para evitar la ira es no querer verlo y oírlo todo. Si dejas pasar cosas, muchas ofensas pasarán inadvertidas. Con la ira recuerda siempre que no hay peor tortura que el remordimiento. Muchas veces por vengar una ofensa cometemos muchas más. Es, sin duda, mucho mejor controlar la ira a que la ira te controle a ti. Cuidado con la ira, muchas veces no es más que una locura que nos hace darle máxima importancia a cosas que no la tienen en absoluto. Antes de enfadarte con alguien por algo recuerda esto: ¿A quién le sorprende el frío en invierno, el mareo a quien viaja en barco, o tropezar con alguien cuando se va por la calle? El espíritu prevenido resiste cualquier contratiempo. FICHA TÉCNICA: TÍTULO: EL ARTE DE MANTENER LA CALMA SUBTÍTULO: UN MANUAL DE SABIDURÍA CLÁSICA SOBRE LA GESTIÓN DE LA IRA. TRADUCCIÓN: JACINTO PARIENTE EDITORIAL: KOAN. PRIMERA PUBLICACIÓN 2020, SÉPTIMA PUBLICACIÓN 2022.

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