sábado, 11 de marzo de 2017

ANÁBASIS

Anábasis, de Jenofonte
Acabo de leer este libro movido por la curiosidad cuando a principios de verano del año pasado,  en un suplemento literario de un periódico, aparecían entrevistas  a personalidades relacionadas con el mundo editorial y literario en las que señalaban cuáles serían sus lecturas para el tiempo del ocio estival.  Varios de los entrevistados coincidieron con Murakami, pero hubo una, como digo, que me cautivó.  Decía una mujer, de la que no recuerdo su nombre, que una de sus lecturas sería volver a releer   la Anábasis  (expedición en griego), de Jenofonte.  Decía también que era un estupendo libro de autoayuda. Aquel título y el comentario me sedujo y lo anoté en algún lugar de mi cabecita para buscarle hueco y tiempo y aunque fuera una sugerencia de lectura veraniega la  he leído en pleno invierno.

En Anábasis se cuenta la historia de cómo, sobre el 404 a. C. Ciro, hijo del rey Dario II, a la muerte de éste reúne a un enorme ejército (desde la costa de la actual Turquía) para combatir contra su hermano mayor Artajerjes II (en Anatolia) para arrebatarle el trono persa heredado del padre. Entre este ejército reclutado, formado por más de cien mil hombres,  entró a formar parte Jenofonte junto a otros diez mil griegos. Ciro se enfrentó en las llanuras de Babilonia (Cunaxa) a  su hermano y le ganó la batalla, sobre todo por el empuje de las tropas griegas (los famosos diez mil), pero  al intentar combatir cuerpo a cuerpo contra Artajerjes es abatido por su guardia real. Y lo que en principio fue una victoria para las tropas de Ciro se convirtió en una derrota cuando entre sus soldados cundió la voz de que Ciro había muerto y emprenden una desordenada huida siendo el principio de las dificultades para un ejército, muy alejados de sus fronteras, en mitad de un vasto territorio enemigo. Después, las tropas persas de Artajerjes los engañan con la promesa de que si se desprendían de las armas les dejarían irse de sus territorios sin ser perseguidos, cosa que finalmente no cumplen  y, además,  buena parte de los mercenarios reclutados por Ciro se pasan a los persas engrosando las filas de los enemigos. Además mediante una trampa Artajerjes logra asesinar a muchos de los generales que comendaban las bravas tropas griegas y es, en estas circunstancias, cuando Jenofonte   asume el mando de las tropas  y con gran acierto los dirige en su retirada hacia tierras griegas.  Jenofonte es proclamada por sus soldados como su máximo general y él hace honor a la confianza en él depositada, mostrando no sólo una inteligencia preclara para conducirse frente a los enemigos y saber en todo momento cuál es la mejor solución para enfrentarse a los problemas sino que además predica con el ejemplo y se esfuerza siempre como el que más. Nada más llegar al mando de sus diez mil soldados griegos se compromete a llevarlos todos de vuelta a Grecia, pero que para ello deben mantenerse unidos y no dejar las armas porque son sus armas y su gran número lo único que puede mantenerles con vida y salvarles de los persas.  Dando ejemplo a sus tropas insiste en que el valor y la disciplina son los únicos medios para  hacer frente con éxito a  los enemigos y a las adversidades. Y es en los diálogos de Jenofonte ante los otros generales, o sus soldados  y, en sus arengas, donde se denota su gran poder de oratoria  y dónde puede verse (quizás) también este libro uno de los pioneros de los modernos libros de autoayuda. Los diálogos de Jenofonte son más numerosos en la parte final del libro y en ellos da instrucciones claras para organizar las tropas, ser valientes y esforzados, no dejarse llevar por la ira y mantener la calma. En definitiva, toda una serie de valores imperecederos.
En el libro se narran las enormes vicisitudes por las que pasa el ejército griego en su regreso a casa, con un crudo invierno, duras orografías, con montañas escarpadas y caudalosos ríos que atravesar,  tribus hostiles y  carestías de víveres.
Toda la expedición entre la ida y la vuelta  duró un año y tres meses y en ella recorrieron más de 6000 kilómetros.
Una cosa que me ha llamado la atención es que los griegos no tomaban decisiones importantes sin antes consultar a los adivinos, los cuales sacrificaban animales y tras estudiar sus vísceras discernían si era propicio acometer o no las empresas previstas. Supongo que esto supondría un potente  efecto sicológico parecido al efecto placebo. "Si los dioses me son favorables para tal o cual acción, entonces las fuerzas no me abandonarán y al final conseguiré el propósito"
También me llama la atención qué sobre este libro no se haya rodado nunca una película o incluso alguna superproducción Hollywoodiense. Desde luego que tema hay de sobra.

Jenofonte nació en el 430 a. C en Atenas y murió hacia el 355 a.C. en Corinto. Fue discípulo de Sócrates  y escribió Anábasis en tercera persona aunque el protagonista fuera él. Una técnica literaria que le copió después el mismo Julio César en sus "Comentarios" . Su libro está estructurado en siete libros. Un esquema que después imitaría Arriniano para narrar la expedición de Alejandro Magno a Asia. 

1 comentario:

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