Humanos y máquinas

¿Qué ocurrirá cuando no se pueda distinguir a un humano de una máquina?

El otro día, por casualidad, me enteré que durante el año pasado (2013) en España se habían concedido 179 indultos, frente a los ninguno de Francia o uno en Gran Bretaña. El caso inglés es sorprendente: fue concedido a título póstumo a Alan Turing por un delito cometido 60 años atrás. El delito haber practicado relaciones homosexuales. A Alan Turing, un matemático de mente prodigiosa y considerado el fundador de la computación moderna, le obligaron a castrarse químicamente y a la edad de 41 años (en 1954) decidió acabar con su vida suicidándose. Y todos le debemos mucho. Él fue el que descubrió el código encriptado "Enigma" de las comunicaciones alemanas en la segunda guerra mundial. Lo cual acortó el conflicto (y el sufrimiento, pérdidas de vidas y el horror) en unos dos años. 
Alan Turing


Al mencionar al matemático Alan Turing me vino a la mente, la ya clásica comparativa entre la mente humana y los ordenadores. Alan Turing en 1950 planteó una pregunta «¿Pueden pensar las máquinas?» Para responder a esta pregunta, diseñó lo que hoy se conoce como "Prueba de Turing". Hoy día, podemos ser capaces de distinguir a un humano de una máquina pero quizás dentro de algunas décadas eso no sea tan fácil como se refleja en la película Blade runner basada parcialmente en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?. Dentro de algunas décadas a lo mejor es imposible distinguir a un humano de un androide y pasado algún tiempo de esto, a lo mejor, hasta nos da igual si estamos frente a un congénere o una máquina: si nos escucha, si nos comprende y apoya. Qué más da. Al fin y al cabo muchos de nosotros están reemplazando amigos de carne y hueso por imágenes jpg y caracteres html humanizados con un “like” o con un “tuit” de 140 caracteres.
Cuando en 1997 el ordenador IBM, Deep Blue ganó el duelo contra el entonces mejor jugador del mundo del ajedrez Gary Kasparov la pregunta qué nos formulamos es: ¿Tienen las máquinas una verdadera inteligencia con facultades mentales o solo son simulaciones?

La prueba de Turign (para detectar a un humano de una máquina) consiste en formular la siguiente pregunta: "¿Puede una persona que formule preguntas por escrito establecer una distinción entre un hombre y un ordenador?" Esa persona deberá escribir las preguntas y examinar las respuestas para averiguar si está tratando con otra persona o con un ordenador. Puede formular cualquier pregunta, por ejemplo "¿cuál es tu película favorita? ¿o tu canción favorita? ¿o tu político favorito? etc. Si el ordenador supera la prueba y la persona cree que está hablando con otra persona, hemos de concluir según Turing que el ordenador tiene conciencia y realmente puede pensar. En tal caso habrá desaparecido cualquier diferencia práctica entre hombre y máquina.

Claro está que semejante ordenador ha de programarse muy bien. Tiene que poder contestar a preguntas capciosas como: «¿Eres un hombre o un ordenador?» Turing calculó que en torno al año 2000 ya estarían los primeros ordenadores listos capaces de superar la prueba. Aunque a día de hoy hay ordenadores que pueden conversar horas y horas sobre política, cocina, fútbol, sin embargo, estos programas están especializados en un determinado ámbito. No se les puede formular preguntas arbitrariamente porque entonces se les detectaría fácilmente (aunque esto les pasa también a muchos humanos: son monotemáticos o solo conocen mucho de una cosa muy concreta) Por lo que, decíamos de las máquinas, éstas no superan verdaderamente la prueba de Turing. Pero si dentro de unas décadas logran hacerlo, si se puede hablar con un ordenador igual que se habla con una persona, se elimina la diferencia. ¿Qué te parecería si no pudieras distinguir uno de otro?
No obstante, algunos pensadores como el filósofo Johm Searle afirman que los ordenadores siempre serán tontos pues un ordenador no tiene ni idea de lo que está haciendo. En 1980 J. Searle expuso un famoso argumento para ilustrar su tesis: el experimento de la habitación china. Imaginemos, dice Serle, que me encierran en una habitación. En esta habitación hay cestas con caracteres chinos. Yo no hablo ni escribo una palabra de chino. Junto a las cestas con caracteres también hay un manual de instrucciones en inglés. El manual de instrucciones está lleno de reglas que indican qué caracteres van juntos. Las reglas explican algo sobre la forma de los caracteres, pero nada sobre su significado. Acto seguido, unas personas que hablan chino y que están fuera de la habitación me pasan caracteres chinos a través de una estrecha ranura de la puerta. En el manual de instrucciones busco los símbolos. El manual me da las reglas: "Sí te dan estos caracteres, tienes que devolver estos otros caracteres, y por este orden". De este modo las personas fuera de la habitación pueden formularme preguntas. Imaginemos ahora que el manual de instrucciones está tan bien elaborado que mis respuestas no pueden distinguirse de las que daría alguien cuya lengua materna fuera el chino. Así pues, imagine que me preguntan: "¿Cuál es tu plato favorito?". Yo, por supuesto, no sé qué me preguntan, es más: ni siquiera sé que me formulan una pregunta, pero siguiendo atentamente las instrucciones de mi manual, devuelvo los siguientes caracteres: "Mi plato favorito es la lasaña, pero también me gusta mucho la col". No tengo ni idea de lo que he contestado, ¡pero para las personas fuera de la habitación es como si comprendiese chino! O peor, ¡Según Turing comprendo chino! Habrá quedado claro, afirma Searle, que está conclusión es absurda.
El argumento de la habitación china es, en realidad, una metáfora que Searle utiliza para describir cómo funciona un ordenador: el manual de instrucciones representa al programa, las cestas con los caracteres son los archivos del programa. La metáfora deja claro que los ordenadores no tienen entendimiento. Por muy inteligente que parezca, el ordenador se limita a seguir instrucciones sencillas sin ser conscientes de nada. O en palabras técnicas: el ordenador es una máquina puramente sintáctica, una máquina que sigue reglas programadas. Pero el ordenador no tiene idea de semántica: no sabe que significan los caracteres chinos. Por ello es ridículo atribuir conciencia o comprensión a un ordenador.
Qué opinión te merece el hecho de que en un futuro pudiéramos interaccionar con máquinas tan perfectas que no pudiéramos distinguirlas de un humano. Modestamente, mi opinión coincidiría con el título de una canción de Alejandro Sanz.

Comentarios

  1. ¿Quien me va a recomponer el corazón partío? o Con la música no se juega? o algo así, aproximado....

    Isabel

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    1. Pues no podías haber puesto mejor título. No es lo mismo. Me resulta aterradora la idea de no poder distinguir un humano de un androide. Una máquina nunca podrá tener la esencia de la vida, ese valioso tesoro que tenemos cada persona y cada ser vivo, que no es mejor ni mejor ni peor, en cada individuo, si no que simplemente es, mi esencia, del que soy el único dueño.

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    2. Buen título ese el de corazón partío...

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  2. No sé si dentro de unas décadas me va a importar si es posible o no diferenciar a un ser humano de un androide,robot o cualquier máquina; no obstante, es una idea que no me atrae en absoluto. Claro que si en un futuro no muy lejano encontramos algo, a falta de alguien,que nos escuche...sería para pensárselo.
    Hablas de los amigos cibernéticos y otras cosas parecidas: Yo prefiero la comunicación directa,cara a cara,individual e intransferible. Tengo amigas que me acusan de antigua y no vivir en estemundo porque no poseo lo que en mi tierra pronuncian "guasá" con la última a más abierta aún de l que es de por sí. Pues no lo quiero. Las máquinas son buenas para ciertas cosas pero no para todo. Una vez más "en el término medio está la virtud"

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  3. Estoy contigo Materetmagistra pero con estas cosas igual que con otras muchas, puede suceder igual que al que nada, en principio, de manera apacible por un río grande que de repente un remolino lo empuja y lo lleva por donde no quiere y aun a pesar de bracear mucho y fuerte no lo hace en la dirección que él quiere...

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  4. Interesante reflexión, bajo mi punto de vista, las peculiaridades del ser humano nunca podrán ser emuladas por la tecnología, el ser humano puede cultivarse y reinventarse de forma autónoma, cualquier máquina requiere la manipulación previa del ser humano para alcanzar un objetivo, además se añade la complejidad de que ciertos aspectos emocionales del ser humano dudo mucho que puedan transmitirse a un ente artificial.

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  5. Completamente de acuerdo, Miguel, pero mucho me temo que al igual que las mascotas, dentro de algunas décadas, los androides servirán para dar compañía entre otras muchas cosas...

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