El vicio de la Pereza.

EL VICIO CAPITAL DE LA PEREZA
Parece éste ya un vicio menor como el de la gula. Tanto es así que incluso hay una fuerte tendencia, hoy día,   para rehabilitar a la pereza por contraposición el excesivo tiempo y energías dedicadas ( o exigidas)  al trabajo que no deja tiempo apenas para nada más.  Un poco al hilo de esto,  en el hiperacelerado  mundo  occidental surge el movimiento "Slow". Una filosofía de calma y reflexión. Ir despacio. Pensar despacio. Alejándose del estrés y las prisas cotidianas sempiternas. Bertrand Russell afirmaba que deberían bastar cuatro horas de trabajo a un persona para tener las cosas necesarias. En este sentido yo siempre he dicho que el tiempo es un bien y tan valioso como el dinero. Solo que para que tenga valor el primero se ha de tener algo de lo segundo.
Es interesante ver como este vicio ha ido evolucionando con el tiempo. Los griegos consideraban que el ocio era lo distintivo de los hombres libres.  En la Edad Media el trabajo se consideró como un castigo divino tras el pecado original. Recordemos que en España en los siglos pasados no estaba bien visto el trabajar. Los nobles se jactaban de poder no hacerlo. Después, desde el mundo cristiano volvió a recuperarse el amor por el trabajo.

En un primer momento, no se hablaba de pereza sino de acidia. La acidia era descrita como una extraña tristeza que asaltaba al monje retirado en su monasterio. Y le hace convertirse en inactivo, indolente e incapaz de seguir con sus menesteres. En definitiva, vendría a ser como un gran hartazgo brusco y fulminante que asolaba al individuo. Una tristeza de espíritu. Algo así como el estado mental característico de las depresiones.  Originalmente el opuesto a la acidia era  la diligencia (del latín amar) después acidia derivó en pereza y cambió el significado de su término opuesto y  diligente pasó a significar trabajador  presto. Realizar algo con esmero y empeño. La acidida dice Casiano es hija de la tristeza. Una debilidad del alma. Tristeza de los bienes espirituales (apatía). Hoy día, la pereza tiene un significado diferente. La RAE la define como negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.  Flojedad, descuido o tardanza en las acciones.  Pero originalmente se hablaba de acidida en el sentido de tristeza por los bienes espirituales.
Santo Tomás de Aquino afirma que ningún hombre puede vivir siempre en la tristeza. Tiende a huir de lo que le entristece, aunque sea un bien.  Él dice que la tristeza es lo que siente el alma ante la presencia de un mal. Si este mal es real, como por ejemplo los pecados cometidos por uno,entonces esta tristeza es virtud, pero si la tristeza es ante un bien percibido como un mal, como por ejemplo el cultivo espiritual de la persona entonces, en estos casos, la acidia es un pecado.
 En la genealogía de la acidia tan característica de la filosofía escolástica se dice que en esta huida del hombre de la tristeza puede encontrarse con la desesperación y también con la pusilanimidad, como rechazo a todo lo que suponga esfuerzo y a la indolencia. De esto derivan dos pecados graves: la dilación y la lentitud. Por que derrochan el don más preciado que le es dado a los humanos: El tiempo.
En este contexto es donde se resalta lo malo de la acidida. Lo que distingue al hombre es la acción. La actividad. Nada nos es dado. Todo se consigue a base de esfuerzo. Ni la libertad, ni la dignidad. Todo es fruto de la actividad constante del hombre para protegerse y hacerse valer sobre la Naturaleza.
San Agustín decía que el mal tiene que ver con la indolencia del corazón.
Y para terminar un delicioso texto de J. L. Martín Descalzo "Razones desde la orilla"
-¿Y bien, don Laureano ? Quiero preguntar una cosa. ¿Usted cree que este campo me dará buen algodón?
-¿Algodón dice, patroncito?-respondió dubitativo el viejo. No, mire, no creo que este campo le pueda dar algodón. Fíjese los años que yo vivo aquí y nunca vi que este campo diera algodón.
-¿Y maíz?-insistió el joven.
-¿Maíz dice, patroncito? No, no creo. Lo más que puede darle es algo de pasto, un poco de leña, sombra para las vacas y, con suerte, algunas frutas de monte.
-¿Y soja, don Laureano?
-¿Soja, patroncito? No, yo nunca he visto soja por estos lados.
El joven, cansado dijo:
-Bueno, don Laureano, le agradezco todo lo que me ha dicho. Pero de todos modos quiero hacer una prueba. Voy a sembrar algodón.
El viejo sonrió y le dijo:
-Hombre, claro, patroncito, si se siembra... si se siembra ya es otra cosa.


Espero que les haya gustado y por supuesto sus interesantes comentarios. Que pasen unas felices fiestas.

Comentarios

  1. Muy interesante,esta entrada.¿Te quedan muchos pecados? Me estoy rerotrayendo a mi infancia con tanto pecado. Este de la pereza era uno de los más machacados. Siempre sacándonos de la cama a primeras horas aunque acabáramos de dar vacaciones, siempre echando la bronca porque éramos,según los mayore ,perezosos.¡Qué lata! Si solo queríamos dormir un poquito más.
    Y luego lo de la lentitud. Mira yo tengo fama de lenta,pero pocas personas han hecho y hacen tantas cosas a lo larg del día y de la vida como yo. Lo importante es hacer lo que nos toca y hacerlo bien. Para eso, las prisas no son buenas compañeras.
    Como siempre en el término medio está la virtud. Ni siempre corriendo ni siempre durmiendo en los laureles.

    ResponderEliminar
  2. Ya me quedan pocos pecados. Ya se sabe que cuando el tonto coge la linde, se acaba el lindero pero continua el tonto. El punto medio sería como tú señalas "sin prisas pero sin pausas". Por eso pienso yo que se ha creado el movimiento "filosófico" "Slow". Creo que lo que lo que antes denominaban al vicio de la pereza como acidia se referían a la tristeza absoluta, a la depresión. Aunque eso no es un vicio. Es una enfermedad.

    ResponderEliminar
  3. ¡Qué bonito cuento! Siempre se recoge de lo que se siembra. La filosofía del Slow Down me parece fabulosa, porque no alaba la pereza sino hacer cualquier actividad con el tiempo suficiente cada vez y una cosa cada vez. Creo que se confunde rapidez con diligencia y lentitud con pereza. Nada más lejos, como bien se dice aquí las personas denominadas lentas suelen meticulosas y muy buenos trabajadores. Mi madre siempre decía que cuando uno hace un buen trabajo los demás siempre verán el resultado no el tiempo que has tardado en realizarlo.

    Quizás el pecado de la pereza sea hacer sin ganas ni ilusión nada de lo que uno tenga que hacer, de manera que como falta motivación uno se apresta de dejarlo a la menor ocasión. Y en ese sentido se relaciona con la tristeza o la pusilaminidad. El trabajo como virtud es muy propia de paises anglosajones, aquí en el mediterráneo aún nos tomamos el tiempo suficiente para disfrutar de las cosas buenas de la vida. Afortunadamente.

    ResponderEliminar
  4. Das en la tecla al señalar que lo pero de la pereza es hacer cosas sin ilusión. Eso es precisamente lo que señalaron como vicio capital. Es cierto que se ve el producto final y no lo que se ha tardado en hacerlo. Lo del trabajo como virtud fueron los anglicanos (creo) quienes lo pusieron en alza... pero eso por estos lares queda lejos, jaja.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tu comentario es muy útil para mí. Tus reflexiones enriquecerán las mías. Y constituyen la esencia de este blog. Muchas gracias.

Entradas populares