El pecado capital de la avaricia y la ley de utilidad decreciente marginal

El Vicio capital de la avaricia y la ley de utilidad decreciente marginal.
En la lista de pecados capitales que el monje anacoreta Evagrio Pontico (siglo IV aC) incluyó, durante  su estancia en el desierto,  a la avaricia. Dijo de ella que al igual que el mar nunca se llena con el agua de lluvia por mucho que llueva, tampoco la avaricia  se aplaca nunca aun por muchas riquezas que se posean.
Tomas de Aquino define a la avaricia como "inmoderado amor de riquezas" según él, de la avaricia surgen sus hijas que son:  la traición, el fraude, la mentira, el perjurio, la inquietud, la violencia y la dureza de corazón y  Gregorio Magno dice que la madre de la avaricia es la tristeza. Quien pierde la alegría tiene que consolarse con la posesión de bienes exteriores. Aquino  clasifica a este vicio de "espiritual". A diferencia, por ejemplo de la gula y la lujuria que producen placer al cuerpo, la avaricia lo produce al alma. Está vinculada a una de las pasiones más fuertes: la de poseer.
Detalle de Avaricia, Mesa de los pecados capitales,  por el pintor holandés El bosco a finales del siglo XV. Es una escena de un juicio en el que el juez lejos de impartir juistica acepta un sobrono de una de las partes o incluso de las dos partes en litigio. Mueso del Prado (Madrid) Precisamente hay una exposición de este pintor hasta enero de 2013 en el Mueso del Prado.

Aristóteles con su consabido "aureum mediocritas", el punto medio como solución a la mayoría de los problemas,  propone que la virtud relativa al dinero es el justo medio entre la avaricia y la prodigalidad.  Habla de la avaricia como una pasión desmedida por las riquezas y de la prodigalidad como el  problema opuesto, aunque éste más noble  que el de la avaricia, a pesar de tener peor fama todavía por que se la asocia con el desenfreno.  El avaro da menos de lo que debe y el pródigo más.  Y dice muy acertadamente: mientras el pródigo puede curarse con la edad, el avaro suele empeorarse con la vejez.
La avaricia no se aplaca con los beneficios sino que se impacienta por tener más.
Como decía Nietsche "Lo que posees te posee" por eso hay que tener cuidado.
Este vicio capital está muy mal visto en todas las culturas y sociedades sobre todo por la peculiaridad que tiene la avaricia de la pasión por conservar el dinero. Esto dificulta en flujo del dinero y empobrece a las sociedades. Esto está muy de actualidad en la actual crisis económica.  Aquino decía de la avaricia que era un pecado contra el prójimo.  Si un hombre posee muchas riquezas irremediablemente  otros tienen que vivir en la indigencia.
Quizás la avaricia haya sido subida al pedestal de los vicios capitales por conmiseración y lástima hacia los pobres  que eran los sufridores de semejante mal.
La Biblia repudia en numerosos pasajes al avaro y a la avaricia. Jesús dice que no se puede servir a Dios y al Dinero.  Los franciscanos eran tan conscientes del gran poder de emponzoñamiento de la avaricia que pidieron al Papa que les permitiera no sólo hacer voto de pobreza absoluta sino renunciar al derecho de propiedad. El Papa les respondió que a un derecho natural no se podía renunciar.
Es cierto que la visión clásica del avaro como una persona que atesora, sin más, riquezas y que vive en la pobreza por no gastar está totalmente desfasada y hoy día se consideraría como un trastorno psicológico. La versión moderna del avaro sería el usurero y el codicioso, es decir aquella persona que se aprovecha de la pobreza de las gentes cobrándoles intereses exhorbitantes. Y es, precisamente, esta forma moderna de avaricia una de las principales causas de la actual crisis económica.
Hoy día la avaricia se ha edulcorado e incluso aplaudido. Se disfraza bajo el concepto de "interés".  El interés es algo más calmo y calculador. El que los hombres actúen de acuerdo al interés los dota de honorabilidad y los hace absolutamente previsibles. No así con el que no actúa con este criterio. Cuando los Estados se ven acosados por una codicia desmedida reflejada en incrementos de prima de riesgos, intereses por la deuda se habla de un ente fantasmagórico denominado "Mercados" cuando en realidad estos mercados son personas con nombres y  apellidos que obedecen a esta nueva forma moderna de avaricia.
Hoy día la pasión por el dinero se santifica. La acumulación de dinero ya no está mal vista puesto que la finalidad no es atesorarla sin más sino invertirla para producir otras cosas. Camuflándose así  con la generosidad. La pasión por el dinero puede llevarnos a la anábasis (crecimiento personal) si se invierte en cosas provechosas y que revierten a la sociedad o bien llevarnos a la katábasis (degradación ) como parece ser que está ocurriendo con la codicia desmedida de "Los mercados" y otros actores de la crisis económica actual.
Ya lo dijo San Pablo "La codicia es la raíz de todos los males".
Relación entre la avaricia y la Ley de utilidad marginal decreciente
Esta Ley dice que la satisfacción de un consumidor al adquirir una unidad de un determinado bien irá disminuyendo a medida que vaya adquiriendo nuevas unidades de ese bien. Por ejemplo, si tenemos sed y compramos un botellín de agua el bien percibido al consumir esa botella será mayor que cuando compremos una segunda botella de agua y así sucesivamente llegando un punto en el que incluso en bien se vuelva negativo. Esto se cumple para todo. Menos para la avaricia. ¿Se les ocurre alguna otra cosa que no cumpla esta Ley de utilidad marginal decreciente? Espero propuestas y comentarios. Todo esto está muy relacionado con la paradoja del agua y los diamantes pero eso será ya para otra entrada.
Reciban un cordial saludo y para despedirme una frase del genial Quevedo: " Por nuestra codicia lo mucho es poco;  por nuestra necesidad, lo poco es mucho".

Comentarios

  1. Muy interesantes estos comentarios sobre los vicios humanos, tradicionalmente llamados pecados capitales o mortales, frente a los veniales, más pequeñitos y fácilmente perdonables.
    Este de la avaricia, si bien es universal en el tiempo y en el espacio, parece que hoy está en auge en su forma moderna de la estafa, el dejarse sobornar, y un largo etcétera. Incluso, a pequeña escala, no deja de serlo ese afán por acumular que lleva a algunos incautos a la compra de PREFERENTES, inducidos por palabras engañosas de esos “entes” misteriosos que son los bancos.
    Con todo, hay que tener en cuenta, y ya lo comentas un poco en tu entrada, que un poquito de avaricia no es mala, sobre todo si se hace con vistas a la producción, no a guardar par morir rico habiendo vivido como pobre. De este tipo da buena cuenta la Literatura, normalmente en tono satírico.
    Hay que ser un poquito avaros (no está mal guardar un poquito por si luego vienen mal dadas)y no solo en lo que a bienes materiales se refiere sino también en cuanto al nivel espiritual e intelectual. Pero también en este sentido conviene no acaparar y guardar para uno solo: Se debe compartir, que nuestros conocimientos sean útiles a otros. Habría que recordar aquí la parábola de los talentos. ¿No crees?

    ResponderEliminar
  2. Está muy bien traido la comparación con las preferentes y la avaricia. Esto me recuerda también al timo de la estampita. Es un engaño que se hace a un avaricioso. Que no le importa robar y engañar a un desvalido. Por lucrarse. Si yo fuera juez, imponía sanción doble a la víctima del timo de la estampita. Una por avaricioso y otra por intentar ser un embaucador.
    Hay que tener ambición. Pero yo prefiero una ambición espiritual más que una pecunaria. Aunque claro, tal y como están las cosas, bienvenida sea tanto la una como la otra, sobre todo si va seguida de éxito, jaja.

    ResponderEliminar
  3. La avaricia me parece un deplorable vicio que no deja de serlo por muy extendido que esté y la raíz de muchos de los males que aquejan a nuestra sociedad en la actualidad. Siempre me ha llamado mucho la atención que la única vez que Jesús monta en cólera en el Nuevo Testamento es cuando echa a latigazos a los mercaderes del templo. Muy diferente su actitud con María Magdalena, por ejemplo. Cuando pienso en las causas de la avaricia creo que son fundamentalmente dos: por un lado una sensación de seguridad, pues un colchón monetario importante te provee sin duda de una gran sensación de seguridad y por otra una sensación de poder sobre los demás, en el sentido de que con mucho dinero se puede casi comprar a cualquiera, eso es hoy más verdad que nunca por desgracia. Ambas son sentimientos muy intensos y muy buscados desde siempre por el hombre.

    También opino que no hay que confundir el vicio de la avaricia con la virtud del ahorro pues lo primero es malvado y lo segundo prudente.

    Otro tema interesante es la avaricia intelectual. Efectivamente el elitismo cultural es otra forma de avaricia.

    Con respecto a lo que comentas sobre la ley de utilidad marginal decreciente se supone que ésta se refiere más a bienes materiales y en principio cualquier bien espiritual como la belleza, el amor etc no deben estar sometidos a esa ley.

    ResponderEliminar
  4. Muy interesante lo que apuntas sobre las causas de la avaricia: seguridad y poder. Estas dos cosas junto con el pasarlo bien son los tres pilares fundamentales del ser humano para sentirse feliz. Dices también que la ley de utilidad marginal decreciente solo se aplica a cosas tangibles. Pero me temo que también se aplica a otras cosas. Fíjate en lo mucho que se pueden desear algunas cosas y una vez conseguidas ya no nos satisfacen tanto. Es decir, las primeras veces nos gusta muchísimo pero poco a poco cada vez ma menguando el interés por aquello antes tan ansiado (persona, animal o cosa). Es la ley de utilidad marginal decreciente aplicado a cossas inmateriales (en mi opinión)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tu comentario es muy útil para mí. Tus reflexiones enriquecerán las mías. Y constituyen la esencia de este blog. Muchas gracias.

Entradas populares