¿Por qué sentimos lo que sentimos y no otra cosa?

¿Qué es lo que hace que experimentemos unos sentimientos y no otros?
¿Qué factores determinan que en una situación concreta, un sujeto concreto experimente un sentimiento concreto?
Si una cosa ha quedado clara al hablar de los sentimientos en las seis últimas entradas anteriores es que son el resultado de un balance en el que intervienen cuatro factores:
La situación real
Los deseos
Las creencias y expectativas
La idea que el sujeto tiene de sí mismo y de sus expectativas.

Dependiendo de cómo interactúen estos ingredientes se van a activar los esquemas del miedo, del odio, de la envidia, del amor, de la ira, o de cualquier otro.
Hoy vamos a extendernos en uno de estos factores:
Nuestras creencias y expectativas
El conjunto de expectativas, creencias y costumbres que cada individuo tiene (o Cultura si se quiere también) están tan firmemente arraigadas e interiorizadas por nuestra personalidad que no pensamos conscientemente en ellas. Creemos que no existen, pero están ahí. Sería algo así, como si planeamos salir a la calle para hacer tal o cual cosa. Pensamos en cómo vamos a ir, a qué hora, que nos vamos a poner, pero lo que no nos cuestionamos es la existencia de la calle, que teóricamente es lo más importante. Si al abrir la puerta, nos encontramos con que la calle ha desparecido, y hubiera una sima, nos llevaríamos una gran sorpresa. Algo parecido pasa con las creencias, las damos por tan asumidas que no pensamos en ellas, pero están. Vaya que si están. Estas creencias están muchas veces en el fondo de muchas depresiones y fracasos sentimentales.
En los dramas sentimentales, muchas veces  aparecen como causas las creencias falsas.
Muchos trastornos depresivos tienen su origen en unas creencias falsas. En muchos casos, la experiencia de un divorcio se vive como algo traumático, hay una creencia falsa muy extendida en la gente que dice: "si soy agradable y parezco brillante y atractiva no me sucederán cosas malas como el divorcio, problemas familiares, etc. A partir de esta "creencia" pueden originarse dos esquemas sentimentales diferentes:
1. Si soy una persona agradable, las cosas me irán bien. Las cosas me van mal, luego no soy agradable, ni atractiva, ni inteligente. Resultado sentimental: depresión y culpabilidad.
2. Si soy agradable, las cosas me irán bien, pero me van mal. El mundo es injusto. Resultado sentimental: Cólera o indignación.
En el primer caso, la persona duda de su valía, pero en el segundo no. Esta diferencia es la que va a desencadenar un sentimiento u otro. Hay dos ingredientes:
 1. El concepto que tenemos de nosotros
 2. El concepto  de cómo funciona el mundo.
La Psicoterapia ha comprobado que  los pacientes se recuperan cuando se cambian algunas de estas dos creencias. A eso se dedica la terapia. No se trata de cambiar de modo pensar, eso quizás sea algo más superficial. Las  creencias están a  un nivel más profundo.
Martin Seligman intenta explicar el hecho de por qué las mujeres sufren el doble  de depresiones que los hombres. Según este científico, mientras los hombres tienden a actuar, las mujeres tienden a contemplar su depresión, volviendo una y otra vez sobre ella, analizándola. (Fenómeno de ruminación). Se trata de un estilo de pensar, un hábito, que se refuerza con la práctica. Permítanme queridos lectores un ejemplo casero. Un hombre puede tener una vida personal desastrosa, con multitud de problemas en casa, en el trabajo pero puede tener la capacidad de sentarse delante de un televisor y durante 90 minutos ver un partido de fútbol y abstraerse de todo eso. Creo, sinceramente que eso en una mujer es mucho más difícil. Aunque algún hombre podría objetarme que igual una mujer puede abstraerse de manera similar yendo de compras a tiendas de ropa y calzado un sábado por la tarde, cosa que un hombre en la situación anterior sería totalmente incapaz de hacer. Bromas aparte, sigamos.                  
El yo y los sentimientos
El yo está implicado en los sentimientos. Las situaciones le afectan directamente. Uno de los sentimientos que más le afectan es la vergüenza. La vergüenza afecta directamente a la idea que el sujeto tiene de sí mismo. Es un sentimiento que asola al individuo pero desde dentro, a diferencia de otros que vienen de fuera como por ejemplo el miedo. Ya dijimos que la vergüenza es un sentimiento social. Hasta los ocho años de vida no aparece. Esto es interesante   porque afecta a la capacidad de enfrentarse a las situaciones y a la idea que se tiene de sí mismo. Esto está muy relacionado con el acceso a la propia energía y con la sensación de sentirnos capaces para hacer algo o incapaces. Parece que nuestra energía no es algo constante. Fluctúa y esta variación puede depender de lo que pensemos nosotros. Si creo que no puedo hacer algo, me va a costar mucho hacerlo, y puede que desista incluso antes de tiempo.
Imagen tomada de http://.versossuicidaas.com

Esto es una prueba más de que en el balance sentimental están implicados fisiología o biología e información. El pesimismo o el optimismo es la opinión que tenemos de nuestro yo y de su capacidad y en parte es aprendido.
Los sentimientos hacia nosotros mismos, el modo en cómo evaluamos nuestra eficacia y capacidad para realizar tareas, es un sentimiento muy potente, porque va a intervenir como un elemento más en otros muchos sentimientos.
Spinoza dijo que el sentimiento  más importante para el ser humano era el aumento o disminución de poder.
Buscamos sentirnos poderosos. Uno de los atractivos del alcohol es que estimula este sentimiento, al menos en los varones, aunque sea ficticiamente. Esa sensación resulta agradable y estimulante. Este sentimiento puede derivar en orgullo y este nuevo sentimiento puede traer el desprecio y a veces la cólera y el valor. La altanería, la arrogancia y la soberbia serían deformaciones exageradas del orgullo.
Otro ejemplo sobre como la idea del propio yo que se tenga influye en los sentimientos es la indefensión aprendida y el optimismo aprendido.
Indefensión aprendida: Es una situación en que nada de lo que el sujeto elija hacer influirá en lo que le suceda. Martin Seligman trabajó con ratas de laboratorio y les sometía periódicamente a descargas eléctricas. Si pulsaban una palanquita, cesaba la descarga. En otras jaulas, aunque pulsaran la palanquita no cesaba la descarga. En este último caso, se producía en ellas un abatimiento y decaimiento general y progresivo que les llevaba hasta la muerte, mientras que las del primer grupo seguían una vida normal. Es cierto, que nosotros somos mucho más complejos que las ratas en un laboratorio pero puede aportar pistas.
En el caso de los seres humanos, la vida comienza en una absoluta indefensión y puede terminar igual. Entre medias hay un proceso más o menos logrado de salir de esa indefensión, ganando control personal.
Albert Bandura (uno de los psicólogos más importantes en la actualidad) ha estudiado la influencia que el sentimiento que genera nuestra propia eficacia tiene para nuestra vida afectiva y para nuestro modo de comportarnos y concluye  que quizás el aspecto más importante y que más influya en la vida diaria de un ser humano es la opinión que éste tenga de su capacidad y de su eficacia personal. Esto viene a indicar que la inteligencia no es solo habilidad cognitiva  tiene también un componente afectivo muy importante. Hay que hablar de inteligencia afectiva.
Optimismo aprendido:
En un experimento, se seleccionaron dos grupos de niños. Uno con aquellos niños que tenían un auto concepto de ser buenos en matemáticas y otro con una percepción baja. Si bien es verdad, que la habilidad real  para las matemáticas contribuyó al rendimiento en cada uno de los dos grupos. Los que tenían un auto concepto bueno, se esforzaron más que los que lo tenían bajo.
La gente evita aquellas situaciones amenazantes que considera por encima de sus habilidades y elige actividades en las que se siente capaz. En otras palabras, la idea que tenemos sobre nosotros mismos va a dirigir no sólo la acción, sino la creencia de poder o no hacer cosas.
Se ha comprobado  que a la hora de afrontar una tarea o reto los individuos experimentan un aumento del miedo antes de enfrentarse a la tarea si se creen poco capaces. Por el contrario, cuando la creencia en su capacidad aumentaba, el miedo disminuía.
Cuando hablamos del yo, tenemos que tener muy presente que somos sistemas fisiológicos que asimilamos información y esta asimilación nos cambia, por eso es muy importante considerar que nuestra memoria contiene nuestra personalidad. Se asemeja a la memoria como un simple almacén de datos, pero es mucho más. Somos híbridos de fisiología e información y ésta modela continuamente la personalidad.
Un grupo muy amplio de investigadores (Ellis, Beck, Seligman entre otros) sostienen que   el que una persona sea optimista o pesimista no es algo determinado genéticamente, sino que es algo aprendido y algo que se aprende muy precozmente. Básicamente hay dos estilos de pensar y afrontar las situaciones ante un fracaso. Fracasos que todos sufrimos. Estos fracasos  nos hacen sentirnos impotentes y nos desmoralizan durante un tiempo, pero a algunas personas esta sensación se les prologa en el tiempo. Simplificando podemos decir que hay dos estilos: el pesimista y el optimista. El estilo pesimista ve en el fracaso del suceso presente una anticipación del futuro. Achacan el fracaso  a causas únicamente personales (culpa mía), permanentes (siempre va a ser así) y expansivas (esto va a destruir mi vida entera).
Según Seligman hay tres causas que determinan el estilo de interpretación afectiva de un sujeto (pesimista u optimista)
1.   Modo en el que la madre explica los sucesos. La influencia que ejerce la madre en el desarrollo afectivo del niño es enorme. El pesimismo u optimismo de la madre va a ser percibido por el niño como si fuera la estructura de la realidad. Estudios científicos demuestran correlación positiva entre el estilo de la madre y el del niño, no así en cambio entre el estilo del padre y el niño. Esto parece indicar que el nivel de pesimismo u optimismo de los hijos se aprende, en parte, de la madre.
2.   Modo en como los adultos critican el comportamiento de los niños. Los niños escuchan no solo el contenido de las reprimendas sino también su forma. Incluso algunos investigadores como Carol Dweck achacan a esto, la mayor incidencia de las depresiones en las mujeres que en los hombres. Se ha visto que a las niñas se les regaña de diferente forma que a los niños. Mientras que a los niños los fracasos se les atribuye los fracasos a causas específicas, temporales y no expansivas (“No has trabajado lo suficiente” “Estabas distraído mientras explicaba”) a las niñas sus fracasos se les atribuye a causas permanentes, expansivas e internas (“Eres muy impaciente” “ Eres mala en matemáticas”).
3.   Modo en que los niños han superado crisis importantes. Los que la superan bien se enfrentan de manera optimista a las siguientes. En cambio, aquellos niños que no habían resuelto bien sus fracasos o los cronificaban, tendían a anticipar fracasos similares a lo largo de su vida.
En definitiva, el modo de contarnos nuestra vida va a determinar nuestros sentimientos.

Comentarios

  1. Este texto es muyextenso y denso por tanto voy a ir por partes. Me centro en el apartad de 2si soy encantadora...no me puede pasar esto...." Me ha recordado un caso que conozco y creo que viene a justificar la teoría. Conozco una señora guapa( a su marido le llamaban el marido de la guapa), encantador y perfecta; de hecho a serlo y parecerlo dedica todos sus esfuerzos. Un buen día sorprendió a las amigas con la noticia de la separación: es solo por un tiempo, nos hemos dado dos meses para reflexionar con sosiego, decía y hacía hincapié en , no hay terceras personas. Pasaron los dos meses y más de dos años y siguen separados; en cuanto a lo de terceras personas,no es que él hubiera encontrado la mujer de su vida, había encontrado el hombre de su vida. Esta señora tan encantadora paratodos no asume aún que a ella le haya podido pasar eso y sigue esperando y pensando que es algo pasajero.
    Otro día iré a lo de como superan ellos y ellasa el divorcio.

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  2. Estoy deseoso de que nos cuentes como superan ellos y ellas el divorcio. El caso que cuentas (me ha impactado eso de llamarle (el marido de la guapa, jaja) parece que aun no lo ha asumido, utiliza la técnica del avestruz.

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  3. Pues sí, pobreta.
    Una vez más hablo partiendo de la observación. Tengo muchas personas divorciadas a mi alrededor y he podido ver reacciones de todo tipo. Ante todo,me parece simplificar mucho con eso de ellos reaccionan así y ellas de la otra manera. Hombres y mujeres somos distintos, sí, en algunos aspectos ; pero me parece que en estos tiempos en que se nos llena la boca de igualdades,seguir con esa cantinela no tiene sentido,o al menos no li tiene en parte. Yo creo más en la diferencia de individuos, de personalidades y de situaciones. Veamos. Cuando el hombre es el que se larga porque el motivo que sea, él lleva muy bien la separación, está seguro de haber hecho lo más conveniente, exige sus derechos en lo que a los hijos se refiere y punto final. La mujer ,en este caso se siente engañada, estafada afectivamente hablando...no lo asume, reacciona con odio,intenta hacer todo el daño posible la ex, se deprime.etc.
    Ahora bien,a veces las cosas ocurren al revés, es ella la que se larga y reacciona prácticamente igual que el hombre anterior; él,en este caso siente además la vergüenza porque eso de que una mujer deje a un hombre¿dónde se ha visto? también ellos se deprimen, los he visto muy de cerca.
    Hay otros casos en que uno u otro toma la determinación de dejarlo por diversas razones pero sin que haya engaño, ni infidelidad,entonces se siente culpable, dudaa si habrá hecho bien, sufre ....No depende de hombres o mujeres, depende de personas pues también las hay capaces de comprender, de perdonar...
    Eso sí, todos hablan del bien de los hijos, pero estos son los que más perjudicados salen. A veces se les utiliza para hacer daño al otro, incluso se intenta enfrentarlos al padre o a la madre,segú sea el caso.
    Otro día más.¡ Esto de ser vetusta y haber visto tanto!

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  4. Muy buena descripción de panorama por ambas partes tras el divorcio. Tres situaciones diferentes, en la que al dolor que puede suponer una rutptura sentimental se le suma "la presión machista" cuando el que se va es la mujer o cuando el que se queda es el hombre. Eso sí, los más perjudicados son los niños. Eso creo que es evidente. Aunque a lo mejor si la convivencia estaba ya muy deteriorada sea la mejor solución. Yo creo que lo más duro en un divorcio tiene que ser el adaptarse (el que se queda) a la nueva situación. Toda una vida, organizándóse en torno y junto a la otra persona y de repente, ese punto sobre el que descansaba y giraba tu vida, simplemente se desvanece... También supongo que influirá mucho la edad a la que uno lo dejan o deja...

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  5. Tienes razón y mucha en ese aspecto que mencionas de que si la situación es ya insostenible es mejor que los niños no vivan las continuas peleas de los padres.
    En cuanto a la adaptación de quie se va o quien se queda, también dependiendo de los casos, puede ser dura para ambas partes. El último caso que tengo cerca ha supuesto algo así; llevaban más de 40 años casados y él se ha tenido que ir por imposición de la mujer. Como es natural la verdad absoluta de los hechos la conocen solo ellos,si es que la conocen, pero el caso es que al ser amigos los dos ,los demás hemos podido escuchar los lamentos de uno y de otra. Es que quien se queda ha de reorganizar su vida, pero también eso le ocurre a quie enviuda y lo consigue,pero el que se va,encima ha de cambiar de casa, de barrio, apañarse solo....
    En fin que mejor que no nos toque.
    Yo, por desgracia he vivido muchos divorcios de familiares y amigas y compañeros que "¡tela marinera"!
    Otro punto que se trata en el texto es el del optimismo aprendido....muy curioso pero otra vez se hace responsables,si no culpables a las madres. Es cierto que radicionalmente ellas son las que han estado siempre más cerca de los hijos influyendo, claro, con su carácter, entre entre otras cosas. Pero los padres,a veces, creo que han podido influir por omisión. ese estar siempre ausentes de la vida de los hijos les puede crear una sensación de inseguridad que ,lógicamente, influirá en su comportamiento.
    En este sentido conozco casos bastante duros, casi sangrantes pero lo voy a dejar porque corro el riesgo de convertirme en la gaceta del terror.
    A ver si surge otro tema más agradable.

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  6. Tienes razón. Llama la atención el papel tan exclusivo que se da a la madre en la educación e influencia en el desarrollo del niño. ¿Será necesario revisar esos estudios? ¿Podrán estar influidos por un ideas previas basadas en que las mamás siempre se quedaban en casa cuidado a la prole? No pocas veces, la Ciencia ha estado influida por ideas previas y paradigmas sociales. Quizás haya que revistar esto de nuevo. Puede que haya un nuevo campo a descubrir para establecer más exactamente el papel e influencia que puede ejercer el padre en el desarrollo de los hijos.

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