Escuelas de éxito

Escuelas de éxito educativo.
Hace poco, una de las revistas más prestigiosas del mundo "The economist", ha destacado la labor de una escuela española por primera vez.  Esta escuela es "La Masía". La escuela del Fútbol Club Barcelona.
El mérito de esta escuela es aunar  dos aspectos básicos de la educación. Uno es la instrucción. El otro aspecto axial es la formación de la persona, o si prefieren, la formación del carácter. En la escuela de la Masía, sus alumnos son instruidos y educados en el espíritu del sacrificio, del esfuerzo, la perseverancia y el trabajo en equipo.
Hablar de la educación de nuestros jóvenes supone hoy más que nunca un gran reto y una de las claves es, siguiendo al gran José Antonio Marina,  la educación del talento. No entendiendo el talento como una cualidad extraordinaria, sino como  inteligencia triunfante. Se trataría de proporcionar herramientas para dirigir bien el comportamiento, para resolver bien los conflictos, las relaciones de pareja, las dificultades, los problemas intelectuales. Para que puedan administrar y dirigir libremente su voluntad. En definitiva dotar a nuestros más jóvenes de competencias para que puedan pensar bien, decidir bien y elegir siempre lo que mejor les convenga para poder resolver sus problemas que sin duda se les presentaran a lo largo de su vida. Porque los padres no vamos a estar ahí siempre para hacerlo. Para ello, además de instrucción es necesario prepararlos para la vida.

Todos sabemos que la educación es algo crucial. Por eso han sido muchos los estudios realizados en todas aquellas escuelas en las que se consigue un resultado educativo de éxito.
 Stephen R. Covey, autor de uno de los libros más vendidos y más importantes en el mundo empresarial "Los 7 hábitos de la gente efectiva" y del que se vendieron más de 18 millones de ejemplares  recientemente ha publicado uno que lleva por título "El líder interior" en el que intenta aplicar a la educación un sentimiento de importancia y grandeza que debe de movilizar todo lo mejor de cada uno en la escuela.  En algún colegio americano  de gente de clase media, en la entrada, rezan lemas como "“We Honor the Greatness in You”. “Reconocemos y respetamos la grandeza que hay en ti” . Esto puede parecer una tontería,(me puedo imaginar la sorpresa al plantear esto en un claustro), pero quizás no lo sea tanto. Quizás sirva, aun sin darnos cuenta, para concienciarse  de la importancia de la educación y  motivarnos para hacer mejor cada uno el papel que le corresponde. A pesar de todos los pesares. Ya se sabe que cuando en un sistema, ya sea un equipo de fútbol,  una empresa, una escuela o cualquier otra, están instaurados los principios de esfuerzo, sacrificio y de solidaridad  y en el que todos sus miembros se creen importantes y que puedan aportar cosas, los rendimientos obtenidos rompen las previsiones. Igual pero al contrario ocurren cuando entra la desidia, la apatía, el pesimismo o el derrotismo.

  Todas las escuelas de éxito (algunas en zonas deprimidas) comparten las siguientes características:
1.Una misión clara en la que está comprometido el claustro entero.
2. Dan oportunidad y tiempo para que todos los alumnos puedan aprender.
3. Sus equipos directivos ejercen un fuerte liderazgo.
4. Supervisan constantemente los progresos de los alumnos.
5. Mantienen expectativas elevadas y la firme creencia de que todos los alumnos    pueden aprender.
6. Establecen relaciones positivas entre el hogar y la escuela.
7. Son un entorno seguro, disciplinado y bien organizado.

Sobre cada uno de estos aspectos, se puede hablar mucho. Y lo haré en próximas entradas. Por ahora, me ronda la cabeza, hablar sobre el optimismo de los docentes como una cuestión fundamental. Decía Woddy Allen que unos ven la botella medio vacía y otra medio llena de veneno. Nuestra profesión es totalmente vocacional como la sanitaria. Es fundamental un "optimismo pedagógico".
También me gustaría dar mi opinión sobre el fracaso escolar. Espero sus comentarios al respecto.

Comentarios

  1. Me parece muy interesante tu artículo. Creo que tenemos que tener muy presente dos ideas en el tema de la educación y el aprendizaje. La primera es que aprender, como cualquier acto humano, es consecuencia de la voluntad y es allí donde hay que incidir, hay que hacer que el alumno quiera aprender y la segunda es que el ser humano, por definición, nace con curiosidad y ganas de aprender cosas nuevas ¿por qué entonces se nos hace hoy tan difícil la tarea de enseñar? A veces nos enredamos queriendo complicarnos la vida demasiado: es necesario mostrar un gran interés por todo lo que alumno nos tenga que decir con palabras y con actitudes, creyendo firmemente en sus grandezas y talentos, sean cuales sean (te encuentras con demasiada frecuencia profesores que etiquetan a sus alumnos desde muy pronto y ya no les dan muchas opciones) y que entre todos los docentes haya una gran coherencia de actuación (en un proyecto educativo todos deben ir a una, no puede tener cada cual un criterio individual de las cosas, no se construye nada con criterios individuales), todos deben creer en la fantástica tarea que realizan. No hay más. En eso radica el éxito de cualquier empresa: Creer en uno mismo y creer en los demás y en eso consiste el optimismo pedagógico del que hablas.

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  2. Con los mimbres disponibles es muy difícil llegar a tener una escuela de éxito, definida como tú lo haces. Pero no cabe duda que podríamos estar mucho más cerca de ese ideal si se cumplieran al menos 3 o 4 de las condiciones, que parecen perogrulladas por lo evientes, pero por desgracia no se aúnan en casi ningún centro educativo "real".

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  3. Comparto, por cierto, gran parte de la intervención anónima anterior, sobre todo en lo referente a ser un firme motivador del alumnado en cada una de sus capacidades por pequeñas o limitadas que sean, ya que eso hace crecer su autoestima y su deseo de crearse metas más elevadas. Por el contrario, muchos de nuestros "compañeros" se pasan la vida denostando a los jóvenes que nos ha tocado en suerte educar, sin darse cuenta que una parte (grande o pequeña, eso es discutible) de la responsabilidad de su falta de interés y de responsabilidad es nuestra, por no saber fomentarlos adecuadamente. Nos faltan medios, en eso estamos de acuerdo, nos sobra trabajo y horas de pérdida de tiempo por cuestiones burocráticas absurdas, en eso también estamos de acuerdo. Pero no podemos pasarnos la vida quejándonos de lo que nos falta en lugar de explotar lo poco o lo mucho que tenemos. Y lo mejor, con diferencia, que tenemos es precisamente el alumnado. Todos los que han perdido la perspectiva hasta el punto de no reconocerlo nunca podrán formar parte de un colegio de éxito y no contribuirán en nada a que aquel en el que prestan sus servicios lo sea.

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  4. Con respecto a la última intervención coincido plenamente. Yo no lo podría decir mejor, y también cuando en la penúltima entrada dice que si los centros cumpliesen tres o cuatro condiciones de las expuestas la calidad de nuestros centros mejoraría. Me alegro, por otra parte, que vea tan claros los principios de las escuelas de éxito. Pero no deben de ser tan claros para todos y por supuesto fáciles de conseguir, cuando hay tanto por hacer al respecto.
    Un saludo para Luiste.
    Juanma.

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