Los buenos sentimientos

Los buenos sentimientos
Hoy iba a escribir sobre los buenos propósitos, pero mejor dejarlo para fin de año, o para la primavera. Qué es cuando nos llegan deseos de cumplirlos. Voy a dar mi opinión sobre los buenos sentimientos. Sobre qué deben de acompañarles para que sean eficaces. Qué controla a nuestros sentimientos buenos y malos y qué actitud es la mejor. Por último, muchas veces nuestro lenguaje es el que rastrea muy bien nuestro cerebro para expresar emociones que pueden parecer confusas y difíciles de precisar y manejar, pero nuestro lenguaje que ha surgido desde las entrañas de nuestro cerebro  lo conoce muy bien y puede ayudarnos.
Los buenos sentimientos por sí solos pueden no valer. Necesitan ir acompañados de la inteligencia. Sin razón, cualquier buen sentimiento, como el amor, puede ser ciego y causar desastres. Esto lo expresó muy bien Quevedo " Puede el hombre con ardimento y con bondad ser valiente y virtuoso; más faltándole el estudio, no sabrá ser virtuoso ni valiente. Mucho falta al que es lo uno y lo otro, si no lo sabe ser. La valentía mal empleada se queda en temeridad, y la virtud necia hace mal el bien que no sabe hacer; y a veces es peor la virtud viciosa y la valentía desatinada que la cobardía cuerda y el vicio considerando cuando es mejor lo malo  que se enmienda que lo bueno por no saber hacer bien, y el aprovechar el malo con lo malo, porque sabe hacer bien y mal.." "...El oro es precioso y dado en moneda es merced, disparado en bola es muerte; y sin perder lo precioso queda culpado".
Dicho de otro modo el sentimiento imbécil no vale para nada, ni siquiera para resolver conflictos.
Aristóteles consideraba que todas las cosas tenían un lugar natural, al que tenían tendencia de retornar en cuanto le fuera posible. El lugar natural del humo, sería el cielo. Aplicando esta idea a nosotros, debemos de procurar mantener una actitud activa y valiente. Una actitud de acción. Sin esta actitud, las personas tendemos tendencia a retornar a una posición cero, de desánimo, donde no nos esforzaríamos y sólo nos moveríamos por la desidia que significa "dejarse llevar por los deseos". Hace falta acción, motivación y esto surge directamente de nuestro campo emotivo, de aquella zona de nuestro cerebro donde se asienta nuestro campo sentimental.
 No todos los sentimientos son iguales: los hay buenos y malos. Unos nos llevan a comportarnos correctamente y otros con perversidad. Es curioso, pero nosotros apenas podemos controlar nuestros sentimientos. ¿Pueden ustedes hacerlo?. Nadie puede elegir su amor, ni su odio, ni su miedo, ni su envidia. En cambio si podemos influirlos. Creo que en el mundo de los sentimientos, el aspecto crucial, la actitud sentimental que vale, es el ánimo. El ánimo nuestro lenguaje lo toma por valor, esfuerzo y denuedo. Lo asimila a valentía. La valentía no es un sentimiento, es una actitud. Sus opuestos serían desánimo y desaliento y tristeza.
 Para Aristóteles la valentía era el puente que unía la razón con el deseo. Los escolásticos ya en la edad media afinaron mucho en el campo de los sentimientos y describieron un terrible estado de ánimo: la acidia. La definían como un hastío del espíritu. Un desfondamiento. Abandonarse uno. Claudicar. Podría quizás asimilarse con un cuadro depresivo.  Para ellos, esto conducía a la pereza. La pereza sería por tanto un parón de nuestro motor sentimental, que necesita actividad y energía para funcionar correctamente. Con la pereza, nuestro mundo sentimental se derrumba. Después el cristianismo tradujo acidida por pereza y se mantuvo su antónimo o antídoto, la diligencia (del latín diligere, amar) traducido por hacer rápidamente los deberes. Hoy día es complicado ver la relación entre pereza y amor. Aunque sería conveniente distinguir en el amor dos partes. Una, el sentimiento amoroso, hacia algo o personas y la acción amorosa aplicada a un modo de hacer las cosas y conducirse. Por ejemplo, la parábola del hijo pródigo no destaca la acción humanitaria hacia un vagabundo en sí (sentimiento amoroso) sino que destaca la acción realizada sobre el sujeto, al ser tratado como un prójimo (actitud).

En definitiva para que nuestros sentimientos nos ayuden a conseguir un proyecto vital que nos haga ser felices hay que mantener una actitud activa y valiente. Sin esta actitud se puede caer en la pereza, (acidia) y en el desánimo y claudicamos y eso es justo lo que hay que evitar, en cualquier faceta de la vida.

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