EVOLUCIÓN EN ACCIÓN

Evolución en acción:
El proceso de especiación
Un aspecto crucial de la evolución es el proceso de especiación. Cómo a partir de una especie pueden surgir dos, tres o más; cada una de ellas adaptada a un nicho ecológico diferente.
Fue el propio Charles Darwin en su obra "El Origen de las Especies" quien reconocía que no tenía explicación para algo tan fundamental en su teoría de la evolución como es el proceso de la especiación.
Para dicho proceso hay dos enfoques opuestos aunque no incompatibles: un proceso de especiación gradualista y otro puntuado (largos periodos de estabilidad y pequeños periodos de bruscos cambios y divergencias en las especies).
Al estudiar el registro fósil, aparecen especies muy constantes sin apenas variación y, de repente, en muy poco tiempo, (a escala geológica) surgen otras diferentes. Esto parece indicar un proceso de especiación pautado: larga estabilidad con cambios bruscos en poco tiempo que originan especies nuevas) aunque claro el registro fósil no es continuo y además los paleontólogos solo trabajan sobre la base de diferencias morfológicas y ya se sabe que hay casos de especies "gemelas" que sin apenas diferencias morfológicas constituyen especies diferentes y claro estos casos escapan al paleontólgo (Ej, los mosquiteros, aves insectívoras del género Phylloscopus )y también ocurre el hecho de que los cambios que sufren las especies en el registro fósil pueden considerarse "gradualistas" o "pautados" según qué criterios se empleen.
Esto nos lleva también a otra cuestión: El concepto de especie. ¿Por qué los organismos vivos se agrupan en especies bien definidas, en lugar de existir una gradación continua entre todos los organismos, formando una cadena que uniera todos los organismos diferentes unos de otros de una forma progresiva, en lugar de la discontinua que observamos en las diferentes especies?
Estableciendo una analogía entre los seres vivos y la materia en el Universo, vemos que la materia tiende a organizarse en estrellas y planetas y no se encuentra dispersa por el espacio. Del mismo modo, los organismos se sitúan en la dimensión de la vida en determinados puntos o zonas. Y es en estas determinadas zonas "espacios de la vida" donde se dan las condiciones de estabilidad para que las especies puedan existir.
Volviendo a la cuestión de la especiación hay estudios en laboratorio en el que a partir de una única especie de moscas de la fruta (Drosophyla), en relativamente poco tiempo, se pueden obtener varias especies modificando aspectos del medio ambiente que constituyen el hábitat de la especie como húmedo/seco, luminoso/oscuro, cálido/frío y en tan solo 35 generaciones las moscas que habían elegido un hábitat u otro ya sólo se apareaban con los individuos de su mismo hábitat lo que con el tiempo podría dar lugar a mecanismos de aislamiento reproductor (proceso definitivo en la especiación). Pero en el laboratorio estudiar estos procesos con especies más grandes es difícil por el tiempo que se necesita y la dificultad que entraña aunque la Naturaleza nos puede brindar ejemplos muy instructivos. Uno de estos ejemplos lo constituye el oso pardo (Ursus arctus) y el oso polar (Ursus maritimus).
Oso pardo (Ursus arctus)
Se pueden analizar las diferencias genéticas entre ambas especies y sacar conclusiones. Estas dos especies de osos son bien distintas pero próximas geográficamente y analizando su divergencia genética se puede estudiar el proceso de especiación.

El oso polar está adaptado a vivir en un ambiente helado y pasa la mayor parte de su vida sobre trozos de hielo que flotan en el océano Ártico. Esto requiere una gran cantidad de energía, que este animal consigue cazando focas, un alimento extremadamente graso.
La grasa es, sin duda, la parte más importante de la dieta de los osos polares. La leche de una osa polar contiene un 27% de grasa; la de una mujer, solo alrededor del 4%. Un oso adulto puede poseer hasta el 50% de su peso en forma de grasa; un ser humano, entre el 14% y el 18%. Los osos pardos, en cambio, no dependen de una dieta tan rica en grasa como la de los osos polares.
Investigadores de 22 centros de investigación diferentes han secuenciado con alta precisión los genomas de 89 osos, polares o pardos, y los comparan entre ellos en busca de cambios genéticos que pudieran explicar las diferencias entre ambas especies de osos. En su análisis, publicado en la prestigiosa revista Cell, encuentran que ambas especies divergieron hace solo unos 400.000 años, muy poco tiempo en términos evolutivos. Consideremos, si no, que chimpancés y humanos nos separamos hace unos siete millones de años. Además, encuentran que tan solo 16 genes han sufrido una selección positiva en el proceso de adaptación al Ártico del oso polar. Nueve de esos 16 genes están relacionados con la gestión de la grasa injerida para evitar cardiopatías y enfermedades vasculares. Uno de ellos participa en la formación de la lipoproteína LDL, fundamental en el trasporte del colesterol.
Oso polar (Ursus maritumus)

Así pues, este estudio indica que no son necesarios un gran número de cambios para mover a una especie de un punto del espacio de la vida a otro. Tan solo cambios en unos pocos genes pueden modificar radicalmente la capacidad para alimentarse de una determinada dieta, o para vivir a una temperatura diferente. El proceso de especiación no es hoy tan misterioso como lo era en tiempos del gran Charles Darwin.

El paleontólgo S. Jay Gould era un defensor del proceso de especiación puntuado. Largos periodos de estabilidad seguidos de bruscos cambios que daban lugar a especies nuevas ¿Cómo explicar si no el qué mamíferos como las ballenas adaptadas inicialmente a la vida terrestre pasasen a un medio acuático? Vemos que pequeños cambios en el ADN pueden dar lugar a grandes cambios en las especies. Y que para darse el proceso de especiación se necesita muy poco tiempo.

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