El vicio capital de la gula

EL PECADO CAPITAL DE LA GULA
En este recorrido por los pecados capitales, reducidos a siete de los ocho propuestos inicialmente,  vamos a hablar de la gula puesto que nos encontramos  en las vísperas de los excesos  que, al abrigo de la navidad, incurrimos los cristianos creyentes, los cristianos  no creyentes (que también hay), practicantes, no practicantes, pudientes y no pudientes. Luego con la entrada del año nuevo y su baúl de buenas intenciones y propósitos de enmiendas que muchos ni siquiera abren y enero con su cuesta espiritual y física larga y dura hacen de particular purgatorio o si se prefiere mismísimo infierno crematorio de las pasiones, excesos y desafueros.
Detalle de "La Mesa de los pecados capitales" de El Bosco. Museo del Prado (Madrid)

Hemos comentado antes que el término capital aplicado al pecado no quiere decir que éste sea más grave o punitivo que otros sino que son cabeza (o puerta) de otros muchos. Como decía Santo Tomás de Aquino los vicios capitales son aquellos hacia los que tiende a  inclinarse la naturaleza humana que cae. Suponemos que Aquino quería decir con "caer" abandonarse o perder el control o caer en el desenfreno sobre cualquier deseo. Aristóteles decía que la virtud era el justo término de la pasión. Sin excederse (desenfreno) y sin quedarse corto (insensibilidad). Difícil equilibrio, por tanto, entre dos abismos. Evagrio Póntico (el primer redactor pecaminoso) sitúa a la gula como el primer pecado o vicio capital. A simple vista parece que la gula es un vicio menos peligroso pero los monjes de la Edad media lo tenían muy en cuenta. Para Evagrio Pontico es un vicio que nos acerca mucho a los animales. La gula es la desmesura en la comida y la bebida. Si nos fijamos en su opuesto quizás comprendamos mejor su naturaleza "capital". La gula es no solo un vicio sino la puerta de entrada a otros muchos, especialmente la lujuria. ¿Su antídoto? El ayuno. San Ambrosio dice que el ayuno es el alimento del alma, la nutrición del espíritu. Si conseguimos templar el alma  a través del ayuno habremos ganado la batalla al cuerpo.
Lo malo de los vicios, especialmente la gula, ya lo dejaron escrito los clásicos, es precisamente la pérdida de libertad. La intemperancia.  El que no puede refrenar su apetito (sea el que sea) es un intemperante. Y el intemperante es un esclavo.  Es prisionero de su cuerpo y su deseo.  Una manera de rebelarse contra la esclavitud del vicio es el ayuno. Visto así, podemos entender la importancia concedida desde antiguo a la gula.
Los escolásticos decían que la gula era puerta de entrada a la lujuria y al lujo. San Gregorio Magno decía que sus hijas son la alegría tonta, la obscenidad y la locuacidad excesiva. El principal problema de la gula es la " pesadez de espíritu".   El remedio (en mi opinión) lo clavó San Ambrosio: el ayuno.  Un ayuno real y simbólico que elimina grasas innecesarias y fortalece la mente (espíritu si prefieren) y que pone tierra de por medio en la claudicación a los deseos. Aristóteles decía que el embrutecimiento  humano era una rendición de los hombres. Resisitir la gula es fortalecerse espiritualmente.
Les voy a confesar algo. Aun a riesgo de que me tilden de persona un poco estúpida. Si veo  a un político obeso, pienso: si no es capaz de controlar su apetito (desmedido) ¿cómo podrá contenerse cuando le ofrezcan sobres debajo de la mesa? Aunque bien pensado igual es capaz de resisitir otras tentaciones y solo es débil ante esta. Aunque si se es débil ante una parcela del pecado quizás se sea débil en las otras.
Bromas aparte, este vicio capital refleja un aspecto esencial de la conducta humana: el control y los problemas que puede acarrearnos la pérdida del control, de la voluntad. Pensemos en el alcoholismo, por ejemplo,  en definitiva, de la intemperancia que decían los sabios griegos. Cuando el hombre es esclavo pierde la libertad, que es perderlo todo.

Comentarios

  1. Aun a riesgo de parece irreverente y superficial he de confesar que algunas de estas ideas sobre la gula me han provocado deseos (no incontrolados)de hacer broma.
    Primero,en serio.Si el principio de la entrada es tuyo,magnífico.
    En el Catecismo que yo estudié, y de eso hace mucho tiempo,llamaba a estos pecados también mortales y los consideraba de un perdón casi imposible. Lagula aparecía en sexto lugar antes de la pereza.El primero era la soberbia.
    Me llama la atención eso de que la gula nos asemeja a los animales. Yo creía que ellos,pobrecicos, comen cuando tienen hambre, por necesidad. Y cuando pueden. No me imagino a los animales "gulosos". Mi Elsa no lo era.
    Y eso de que con el ayuno gana el cuerpo ...¿?
    Gana con la contención y la prudencia pero yo no iría más allá.

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  2. Espero no pecar de soberbia. El primer párrafo es mío por completo. Me agrada muchísimo que te haya gustado. Se ve que la práctica hace al maestro y que incluso en esto tan difícil que es el escribir (bien, se entiende) también se cumple esa máxima. Creo que Elsa es la excepción. En general, según tengo entendido los animales comen más de la cuenta. Comen siempre que pueden. Mi hermano pequeño, que de vez en cuando, obsequia a su madre con canes varios, se ajustan a esto. Son muy voraces. Comen por demás.Como muchos humanos...

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  3. Cuando digo que con el ayuno gana al cuerpo. Me refiero a una experiencia subjetiva. A una sensación mía personal. Después de correr la maratón de Sevilla, sufrí y experimenté una especie de vuelco "ascético" controlé por completo mi gula. Renuncié a muchas cosas. Hice gala de un gran control mental (hablo en pasado) y comprobé que después de rechazar tantas tentaciones en forma de dulces, golosinas, y de beber solo agua, esa capacidad de mantener a raya el apetito, ese ayuno espiritual del que hablaba San Ambrosio, era como la antesala a un control mucho mayor, que te permitía abstraerte de muchas cosas mundanas. En mi caso, fustigando al cuerpo con los entrenamientos y con el control de la dieta, llegaba un punto en que a mi cuerpo ya le daba un poco igual todo. O como dice mi padre: "Para poca salud, ninguna".

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  4. Desde que la gula ha dejado de ser privilegio de ricos ha perdido mucho lustre y ha dejado de ser pecado capital para ser un problema de salud, y gordo, jajajaja. El hecho de tener acceso a una casi ilimitada cantidad de alimentos unida a la gran insensatez de que hacen gala las industrias alimentarias y la publicidad provoca que la gula se extienda tanto que su consecuencia, la obesidad, será la verdadera epidemia del siglo XXI. Pero ahora tenemos además el caso contrario, la anorexia, en personas tan obsesionadas con el control de su cuerpo que rayan la inanición y la muerte. Está claro que en la época de Evagrio Póntico quien se moría de hambre era el pobre que no tenía nada, no creo que los monjes de la Edad Media pudieran adivinar que en el futuro hubiera personas que teniendo acceso a los alimentos pudieran dejarse morir.

    Yo sí pienso que el ayuno del cuerpo fortalece el espíritu porque nos asegura que tenemos control sobre nuestro cuerpo. Pero como todo en esta vida en la moderación está la clave.

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  5. Este caso de la gula, me vuelve a recordar la prudencia aristotélica y la virtud del punto medio. En el caso de las pasiones, el exceso es malo, produce desenfreno y la falta también (apatía) gula, y anorexia son los extremos opuestos. El punto medio sería la dieta equilibrada y saludable pero para ello hace falta dinero, conocimiento y sentido común.

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  6. Para una dieta equilibrada lo priemero, creo yo, es el sentido común que tiene bastante que ver con el conocimiento aunque quizá menos con los conocimientos. No hace falta ser rico para llevar una dieta equilibrada. Muchas veces las personas con menos medios económicos son las que peor comen y más gastan. Piensan que si no comen carne todos los días y en abundancia lo hacen mal y parecen pobres, creen que el pescado congelado es lo peor que hay y un largo etc. Hoy se recomienda la dieta mediterránea que no es nada cara.

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  7. Muy buena esa distinción entre "Conocimientos" y "conocimiento" o entenderas, jaja. Una dieta mediterránea no tiene que ser mucho más cara que una insana pero cuando uno se pasea por las vitrinas de las tiendas de alimentación aparecen productos muy atractivos e innsanos a precios muy económicos. Son porquería en estado puro pero estan tan bien presentados que no es difícil caer en la tentación si no se está ojo avizor.

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