EL VICIO CAPITAL DE LA ENVIDIA

EL VICIO CAPITAL DE LA ENVIDIA
"Un rey pidió a dos hombres, uno avaro y otro envidioso, que le pidieran lo que quisieran, porque se lo concedería, y daría al otro el doble. El avaro decide no pedir el primero, porque así recibirá más. El envidioso, después de larga meditación, pide que le arranquen un ojo, porque así  al otro le sacarán los dos. (Policraticus, VII, 24).

Nuestro catálogo de vicios capitales se lo debemos a Evagrio Ponte un monje eremítico y anacoreta  del desierto de Egipto que allá por el siglo IV a.C  dejó escrito los ocho pensamientos de los que se valía el diablo para estimular la pasión del monje,  desviándolo de su camino de perfección espiritual.
Esta lista de los vicios capitales Gregorio Magno  la redujo a siete y son como a buen seguro recordarán: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
¿Por qué se llaman pecados capitales?
Porque son cabeza de otros vicios. Eso es lo que hizo que los escolásticos como San Agustín y Santo Tomás elaboraran las genealogías de los pecados, aunque con ciertas variaciones según el autor.
Los tres grandes deseos del ser humano son: el  placer, la vinculación social y el de ampliar  nuestras posibilidades. Para San Agustín estos deseos o pasiones pueden convertirse en virtud o vicio dependiendo de si se integran en lo que los griegos llamaban anábasis o en la katábasis. La anábasis sería algo así como  un afán de superación personal y espiritual que, sorprendentemente aparece en todas las culturas. Santo Tomás lo llamó "El deseo de alcanzar lo difícil". Esta anábasis aparece en muchos mitos como el de Prometeo que robó el fuego a los dioses o Adán y Eva que comieron el fruto del conocimiento.  Las religiones proponen como objetivo final de la anábasis  actuar como su dios dictamine.  La moral evangélica reduce esta anábasis de manera categórica "Sed perfectos como mi  Padre es perfecto". Séneca decía que "Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de tí".
 Frente a la anábasis está su opuesto, la katábasis.  Cuando el hombre se abandona y aleja del proyecto de superacion. Cuando cede al arrebato. Y como muy poéticamente dice Esquilo esto es más fácil "Los dioses siempre ayudan a los hombres que se ocupan de labrar su perdición.
Santo Tomás decía que tres eran las causas del mal: Ignorancia, pasión y la malicia. Sin duda, la más temida y más estudiada es la pasión.  La pasión es capaz de lo mejor y de lo peor. Las características que hacen atractiva a la pasión es la intensidad y la energía. Lo que la hace peligrosa es, esa misma energía, que puede hacerla difícil de controlar y la obsesión. Las pasiones son monotemáticas.
La intensidad atrae porque se opone a la ausencia de emoción, al tedio a la vida vacía. La energía desata el impulso creador del hombre y le llevan a actuar y superarse.
El problema de la pasión es que puede arrastrarnos. Séneca lo expresa maravillosamente "quien está arrebatado por una pasión cabalga sobre una ola que nadie sabe dónde va a romper" aunque otros pensadores como Kierkegaard afirman que  cuando en el ser humano no está movido por la pasión, se repliega sobre sí mismos y nacen sentimientos enfermizos, como la envidia.
LA ENVIDIA
Este vicio, a diferencia de los otros, provoca sufrimiento a quién la experimenta. Es además una pasión involuntaria. Nadie decide tener envidia. Es un sentimiento que secuestra el ánimo del sujeto que nada puede hacer salvo sufrir y padecerla.

Es un sentimiento que consideran malo todas las culturas, junto con la avaricia y la cobardía. Es un vicio muy peculiar. Hasta el propio sujeto que la padece se niega a reconocerla. Antes, el propio sujeto intenta justificar ese sentimiento. Razona para convencerse a sí mismo y a los demás que es injusto lo que a él le atormenta (el bien ajeno). Que lo que disfruta el otro y su prosperidad es  algo inmerecido e  injusto. Curiosamente al envidioso no le interesa arrebatar los bienes al envidiado. Lo que quiere es que el envidiado sea degradado. Puesto en su sitio.
Los primeros teólogos la clasificaron como la raíz de todos los males. Decían que no hay enemigo más peligroso. Una vez desaparecida la causa de la guerra, los combatientes pierden la hostilidad pero el envidioso nunca.
Los escolásticos se extrañan porque es un pecado que no produce alegría ni placer.  Santo Tomás dice que lo que lleva a la envidia es el peligro que siente el envidioso para su excelencia. La posibilidad de no ser el preferido. San Agustín dice que la hija de la soberbia es la envidia.
Lo que el envidioso no puede tolerar es que alguien pueda disfrutar más que él. La envidia no se dirige al bien, no es codicia, sino que va dirigida al otro. Por eso está tan cercana al odio.  El odio es el hijo de la envidia.  Además la envidia no se extingue. Es una pasión rumiadora.
Recientemente se ha intentado recuperar una variante de la envidia. Es lo que se llama  emulación o "envidia sana" sentimiento acompañado de admiración hacia otra persona. Deseo de tener lo que el otro tiene y esforzarse en conseguirlo. Pero no tiene nada que ver. Hay una diferencia abismal. La envidia no pretende igualarse al otro, sino destruirlo.
Algunos hablan también de una envidia política. Que dicen que ha sido el motor del progreso económico y social. Se basa en la percepción de una diferencia que se considera injusta y este conflicto provoca un sentimiento de lucha y mejora. Me parece a mí, que esto se está produciendo pero justamente al contrario. Que precisamente, en las últimas décadas, el gran desarrollo de  clases sociales cada vez más numerosas y con mayor nivel de vida ha despertado una suerte de "envidia inversa" en los poderes fácticos económicos "mercados" como les llaman. Una especie de envida negativa que hace pensar y sentir a los que tienen muchísimo que no es justo que cada vez más gente disfrute casi tanto como ellos (golf, viajes, cruceros, etc) y viendo que cada vez más gente  se aproximan más (aunque a mucha distancia) a su nivel de vida y con las incomodidades que produce la masificación  dicen "pero ¿qué es esto?" "¿Qué se han creído?" y dan un taconazo en el suelo, haciendo tambalear los indicadores económicos, primas de riesgo, intereses, préstamos y el dinero en medio mundo. Precisamente ha surgido en EEUU un movimiento de millonarios exigiendo al presidente que le suban los impuestos. Dicen que no es justo que su secretaria page más impuestos (comparativamente) que ellos.
Interesante.
Espero, como siempre, sus comentarios.
Un saludo y hasta la próxima virtuosa entrada.

Comentarios

  1. ¡Hola! El cuentecillo con que inicias la entrada me ha recordado un episodio de "El Lazarillo". En el tratado primero,Lázaro harto de los malos tratos del ciego dice:"...yo siempre le llevaba por los peores caminos y adrede, por le hacer mal daño: si había piedras, por ellas; si lodo,por lo más alto. Que aunque yo no iba por lo más enjuto,holgábame a mí de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno tenía" .Es cierto que estos ejemplos más relación tienen con la venganza que con la envidia.
    Otros muchos escritores han hablado de este tema. Así Unamuno con "Abel Sánchez"; Macado en "La tierra de Alvargonzález" donde dice: "Mucha sangre de Caín/tiene la gente labriega/y en el hogar campesino/armó la envidia pelea."
    Es curioso,además, que nos hemos empeñado en extender la ideade que es la envidia un pecado,vicio o mal comportamiento propio de nuestra patria cuando,pienso yo, es algo bastante universal.
    Sin ir más lejos,últimamente se ha hablado bastante de que los franceses tienen envidia de nuestros logros deportivos.
    Para amplias y numerosas reflexiones da el tema.

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  2. Estoy de acuerdo contigo. La envidia es algo universal. No creo que sea sólo patrimonio ibérico. En todas las culturas se percibe como algo negativo, por tanto también la sienten allende nuestras fronteras. Lo interesante del caso Español es que muchos se creen que son evidiados. Es decir, que reunen cualidades intrínsecas y/o extrínsecas que lo hacen blanco fácil de la diana de la envidia. Y yo digo que quizás más que envidia sería lástima lo que debieran despertar. Aunque, bien mirado, también sea esto que acabo de decir, envidia ¿o no? jajaja.

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  3. Muy bien traído eso de que la envidia es hija de la soberbia y yo diría también que del egoísmo. Una persona envidiosa cree que lo merece todo porque es mejor que los demás y quiere todos los dones para ella y como no los puede tener, le molesta que otros los disfruten. Desde luego, tiene muy pocas posibilidades para la felicidad, pues nunca se puede tener todo y sobre todo nunca se disfruta por completo si sólo andamos fijándonos en los demás. Por otra parte, creo que la envidia sana de la que hablas es simplemente la envidia del inteligente, que ha reflexionado y ha dicho: si yo creo merecer todo lo que tiene ése, lo mejor es que en vez de amargarme pensando que no lo tengo me esfuerce por conseguirlo yo también y así puedo yo también tenerlo o por lo menos quedarme cerca. Es una manera inteligente de gestionar la envidia que todos podemos sentir en algún momento.

    Pese a que puede sonar machista, creo que la envidia ha sido, por lo menos tradicionalmente, un vicio más femenino. Se acostumbra a educar a las mujeres considerando a sus congéneres como rivales y si Pepita es más guapa o ha conseguido un marido más rico, la envidia sale a relucir. Es un tópico eso de que una mujer se muerde la lengua antes de admitir que otra es más guapa o más lista que ella o ha tenido más suerte. Afortunadamente eso está cambiando, creo.

    En lo que respecta a las pasiones, creo que éstas son imprescindibles para la vida. Como bien dices, nos proporcionan intensidad y energía y creo que les dan color a la vida. Supongo que el problema radica en que confundimos tener pasión por algo: el deporte, la pintura, la literatura, la música, algo en sí beneficioso con ser muy pasional, que es aquella persona que quizás tiene poco control sobre sus emociones. Como casi todo en esta vida el truco consiste en la dosis, porque evidentemente todo el mundo puede tener pasiones y moderarlas para que resultan placenteras, pero no te lleven por el camino que quieran sino el que quieras tú.

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  4. Es interesante esa pérspectiva de género en la envidia. Y me gusta mucho eso que dices que la envidia sana es la envidia inteligente. En ese sentido la envidia política también evidencia inteligente. Aplicarmos lo mejor del ser humano para gobernar y barajar las pasiones.

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