Educación del inconsciente

LA EDUCACIÓN DEL INCONSCIENTE.
Hace ya algún tiempo en este blog al hablar del libro "La teoría de la inteligencia creadora" se explicó que la inteligencia humana puede dividirse en dos: Una inteligencia generadora, que continuamente está produciendo, elaborando y maquinando ocurrencias, deseos, sentimientos y en general actividades mentales y una inteligencia ejecutora que filtra y elige las propuestas de la inteligencia generadora. Esta es lo que también podemos denominar inconsciente y en él radica la base de nuestros comportamientos, de nuestros esquemas sentimentales y de nuestros proyectos. Platón, con fina intuición, ya lo dijo: "Educar es enseñar a desear lo deseable." Es decir, enseñar a desear lo bueno. Por tanto, educar es ante todo construir el inconsciente. Ayudar a una persona a construir su cerebro para que tenga ocurrencias óptimas. Este sería el primer objetivo de la educación.
El problema es que nuestro cerebro todavía no sabemos cómo funciona. ¿Por qué se me ocurren unas cosas y no otras?. Prueben  a cerrar los ojos e intenten no pensar en nada. Imposible. A los pocos segundos, algún pensamiento, recuerdo o palabra habrá aparecido en su parte consciente.
 Neurólogos como John Haynes han demostrado, en experimentos, que cuando se le pide a los participantes  que decidan libremente pulsar el botón de su derecha o de su izquierda, diez segundos antes de hacerlo, su cerebro ya lo ha decidido. Antes de que ellos sean conscientes de la decisión, su cerebro ya ha decidido,  pero lo más interesante es que el patrón electroquímico que produce el cerebro se repite, como las huellas dactilares y eso permite al neurocientífico saber que botón va a pulsar el individuo 7 segundos antes de que él mismo sepa cuál va a pulsar. Esto aunque cuestiona el libre albedrío, sin duda ninguna pone de manifiesto la gran cantidad de operaciones y decisiones que nuestro cerebro inconsciente hace y que cuando nosotros creemos decidir o pensar sobre alguna cuestión (nuestra inteligencia ejecutiva) nuestra inteligencia generadora ya lleva muchas operaciones hechas. Sería como cuando una ejecutiva de una empresa toma decisiones importantes sobre los informes y expedientes que les presenta y ha elaborado su equipo de secretarios y asesores. Ella decide pero realmente todo el proceso previo viene ya hecho. Nuestra parte consciente solo percibe los resultados que afloran desde la parte inconsciente.
Imagen tomada de: http://www.networkedblogs.com/blog/territorio_del_inconsciente

Continuamente emergen en la conciencia ideas, sentimientos, deseos, imágenes, preocupaciones que son mías aunque pueda detestarlas. Los expertos dicen que en nuestro inconsciente se forman "esquemas emocionales" que interpretan de una forma u otra los sucesos y la realidad.  El valiente ve como oportunidad lo que el miedoso ve como amenaza.  Los psicólogos nos dicen que la solución para cambiar esos estilos afectivos es cambiar el "esquema emocional" que interpreta la realidad de una forma u otra. Por tanto, una de las funciones de la educación es ayudar a un niño para que construya bien su cerebro, es decir, para que establezca correctos sistemas generadores de buenos deseos, ideas,  sentimientos, decisiones, etc.

Estos esquemas emocionales tienen tres componentes:
1. Biológico. Se nace con determinadas tendencias afectivas, genéticamente condicionadas pero no impuestas.  Por ejemplo, Hay niños muy tímidos que con la ayuda correcta de su madre, (que apoya a su hijo en sus relaciones con los demás)consiguen superarla y otros que  con una educación errónea de sobreprotección la acentúan aun más.
2. Creencias que tenemos sobre nosotros mismos y de los demás y de nuestra capacidad para enfrentarnos a los retos. Carol Dewck una psicóloga americana comprobó que aquellos niños que ante el fracaso se crecen y piensan que lo harán mejor la próxima vez rinden más que aquellos otros que se muestran excesivamente preocupados por el resultado inmediato y se desmoralizan más.
3. Sistema de deseos y preferencias. Ni todo deseamos lo mismo, ni lo deseamos con la misma intensidad.
Estos componentes pueden moldearse desde la educación.
Hay un segundo objetivo educativo. Tras haber construido ese cerebro eficaz y fértil, hay que aprender a manejarlo. Desarrollar la inteligencia ejecutiva.  Y desde ella influir sobre el inconsciente.
Gauss, el mayor genio matemático de la historia, contó en una carta su descubrimiento de un complejo teorema de la teoría de números: “Hace dos días, lo logré, no por mis penosos esfuerzos, sino por la gracia de Dios. Como tras un repentino resplandor de relámpago, el enigma apareció resuelto. Yo mismo no puedo decir cuál fue el hilo conductor que conectó lo que yo sabía previamente con lo que hizo mi éxito posible”.
Henri Poincaré recuerda que la solución al complicado problema de las funciones fuchsianas apareció de repente en su cabeza, cuando no estaba pensando en ellas, en el momento de subir a un autobús para iniciar una excursión. Poincaré sacó de estos fenómenos la conclusión obvia: él no estaba pensando en esas funciones, pero su cerebro, sí. La creación matemática, concluyó, es inconsciente.
¿Se dan cuenta de la importancia de nuestro inconsciente?
¿Cómo puede nuestro cerebro organizar conocimientos tan complejos sin saber lo que está haciendo? No lo sé, pero lo cierto es que lo hace. Y que si queremos progresar en nuestra capacidad científica o creadora o afectiva, si aspiramos a tener ocurrencias brillantes, no nos queda más remedio que educar el inconsciente. ¿Y cómo podemos hacerlo?
Imagen tomada de: http://pilarim.wordpress.com/unidades-didacticas/unidad-1/

Para contestar a esta pregunta, hay que recurrir a estudios hechos con otra finalidad, pero fiables. Por ejemplo, los que versan sobre el entrenamiento de los grandes maestros de ajedrez. En primer lugar, necesitan tener una gigantesca memoria dinámica. Se sabe que tienen que aprender unas cincuenta mil jugadas y que recuerdan una partida entera con la misma facilidad que el resto de los mortales recordamos una melodía. Eso es una memoria dinámica: la que lleva de una nota a la siguiente. En segundo lugar, entrenan ciertas habilidades de análisis y de cálculo, que acababa automatizándose, es decir, realizándose sin conciencia expresa. Cuando un tenista juega, se mueve con una soltura no voluntaria, inconsciente, en el sentido que utilizo la palabra. Conoce la posición que quiere ocupar, pero no sabe los músculos que tiene que mover. Por último, el cerebro de los maestros puede movilizar al mismo tiempo una parte enorme de esa información asimilada. Lo que llamamos “concentración” es esa capacidad de activar muchos procesos mentales con un objetivo único. Y estar a la espera de que de esa conjunción surja una buena propuesta.
 Por tanto, parece que la educación ha de fundarse en tres elementos: la construcción de una gran memoria, la automatización de actividades mentales, y la concentración, para poner a trabajar el inconsciente. Creo que hay que añadir un último elemento: tenemos que saber evaluar las ocurrencias producidas por el inconsciente. Adquirir buenos criterios de evaluación ese sería el cuarto objetivo de la educación.
 Por esto, insisto tanto a mis alumnos sobre la importancia  de la construcción de una gran memoria. Igual que ellos miden la potencia de sus ordenadores por la memoria de esos dispositivos, nuestra memoria desarrollada y ampliada por la praxis es la base de nuestra inteligencia ejecutiva desde  la cual podemos influir en nuestro gran consciente.
Espero que les haya resultado interesante. Escriban sus comentarios y así también ampliaré mi perspectiva. Muchas gracias.

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