Miedo, envidia e ira. Laberinto sentimental V parte.

El miedo, la envida y la ira
En la entrada anterior, se dijo que a pesar de que la aparición de un sentimiento da la sensación de ser algo instantáneo, en realidad es el fruto de una serie de evaluaciones previas que nuestro cerebro ha hecho para evaluar la realidad. Se evalúa si lo que nos sucede es beneficioso o perjudicial, si podemos enfrentarnos a él o no, si lo merecemos o no.  Con anterioridad también hablamos de que la experimentación de sentir es muy vívida, harina de otro costal sería dilucidar exactamente a qué tipo de sentimiento corresponde. Ahora vamos a estudiar algunos sentimientos como el miedo, la envidia y la ira. Permítanme queridos amigos dejarme para otra entrada el sentimiento por excelencia: el amor. Merece una entrada exclusiva para él.
                                                            El miedo       
Sabemos que hay miedos innatos y aprendidos. Hace ya mucho tiempo que se sabe que los polluelos tienen un miedo instintivo al ver un halcón u oír su chillido. Los humanos también tenemos miedos innatos, por ejemplo, el susto es provocado por estímulos repentinos e intensos; ruidos fuertes, fogonazos, estímulos táctiles inesperados. La pérdida de orientación produce malestar. Sin duda que los miedos innatos son básicos para la supervivencia de los individuos de cualquier especie. Si cualquier pájaro tuviera que aprender por experiencia propia el peligro de un depredador como el águila, su especie estaría seriamente amenazada.
Los miedos no aparecen todos al mismo tiempo.  Aparecen, desparecen, cambian, a medida que el individuo crece y se desarrolla.
Una gran parte de los miedos humanos son adquiridos. ¿Cómo se aprenden? Como las demás cosas. Por condicionamiento clásico u operante. (Recuerden los perros de Paulov) y por aprendizaje social. Tememos todo aquello que se asocia con cosas que tememos. Tememos todo lo que ha ido acompañado de un castigo.
El miedo impulsa a la acción. Los animales muestran varias conductas de evitación del peligro, huyen, atacan, se hacen los muertos, etc., con cualquiera de estas acciones, el miedo disminuye. Aumenta de intensidad, cuando no podemos o no queremos huir del peligro.
En algunas ocasiones, lo que produce el miedo no es una situación, sino tener que enfrentarnos a una situación. Por ejemplo, en la oficina mis derechos han sido ignorados. Puedo protestar o resignarme, pero la protesta me va a suponer enfrentarme con los compañeros. En este caso, el miedo no me incite a la huida sino a la inacción, que es otra forma de huida.
En la generación de un sentimiento hay dos elementos. Uno de ello es la situación real y otra el sistema interpretativo de la realidad que hace el sujeto. De la mezcla de los dos surge el sentimiento. Evidentemente hay situaciones muy claras. No hay sistema interpretativo que valga. La tortura, la muerte de seres queridos, la enfermedad son señales  terroríficas. Pero, en general, la respuesta sentimental ante una situación depende de la estructura personal. Hay personas con estilos sentimentales optimistas y pesimistas, miedosos o atrevidos, sensibles o insensibles.
La envidia
Vamos a utilizar el lenguaje para una aproximación al estudio de este sentimiento. Covarrubias la define de la siguiente manera: “Embidia: Es un dolor, concebido en el pecho, del bien y la prosperidad agena.
Es un sentimiento que ya muy al comienzo de la Biblia aparece. Cuando Caín mata a Abel.
Los escolásticos decían que los sentimientos, pasiones o virtudes tenían madres e hijas y elaboraban genealogías. En el caso de la envida, decían que ésta era engendrada por la vanagloria. Luis Vives decía que era hija de la soberbia y de la pequeñez. Pequeñez de espíritu, porque nadie que confía en su valía envidia los bienes de otro. Quédense con la idea de que la envidia es hija de la soberbia.
La envidia además es un sentimiento vergonzoso. Nadie se atreve a confesar que envidia a otro. Antes reconocerá que odia, o que teme, porque estos sentimientos son menos vergonzosos. Esto supone un tormento más para el envidioso. Debe de fingir permanentemente y por tanto a odiar continuamente. Mientras el odio provocado por la ira se extingue rápidamente o el provocado por la ofensa desaparece mediante la reparación de esta, la envidia no se amansa ni admite reparaciones, y lo único que hace es irritar con los beneficios el envidiado.
¿Qué hay detrás de la envidia?
El psiquiatra Castilla del Pino dice que no se envidia lo que posee el envidiado, sino la imagen que el envidiado proyecta como poseedor del bien. La tristeza del envidioso no está provocada por una pérdida, sino por un fracaso, por un no haber conseguido. Odio al envidiado por no poder ser como él. En la novela de Unamuno (ahora que se cumple el centenario de su ….)“Abel Sánchez”, que es una historia de la envidia, el personaje de la novela Joaquín de Motenegro, víctima de la envidia no cree que sea envidia lo que siente sino la maldad de sus envidiados: “Ellos se casaron por rebajarme, por humillarme, por denigrarme; ellos se casaron para burlarse de mí; ellos se casaron contra mí.”
En definitiva lo que desea el envidioso es ser el preferido. La envidia es un sentimiento social (como la vergüenza y el orgullo), el envidiado hace a uno de menos. El envidioso necesita con angustia la confirmación de los demás y a eso se opone la figura del envidiado, que le hace sombra, le eclipsa. En el fondo de la envida hay un deseo. El deseo de ser elegido, de que nos miren a nosotros. Afinaban muy bien los escolásticos cuando decían que la envida es  hija de la soberbia y de la pequeñez.


La ira
Séneca pensaba que era la más destructiva de las pasiones. "La ira es  toda arrebato y saña desaforada...que sobre el hierro mismo se arroja, en su deseo fiero de una venganza que arrastrará consigo al propio vengador".
La ira pertenece a una familia más amplia: el malestar. Este sentimiento produce en el sujeto sensaciones negativas de las que quiere escapar. En este caso, un hecho molesto en sí o por la reiteración provocan un movimiento violento hacia el causante.
El desencadenante clásico de la ira es la ofensa. Es interesante pararse aquí un momento. Sí el que ofende es el ofensor, ¿por qué solemos emplear un reflexivo "ofenderse". El sujeto ofendido  "se da por ofendido" Este uso reflexivo, esta voz intermedia, es una pista muy  atractiva del lenguaje. Nos está diciendo que la propia persona se ve como el escenario donde se desarrolla el drama sentimental, no como a un actor al que empujan allí.
Dijimos anteriormente que previo a los sentimientos operan las evaluaciones. En el caso de la ira también, a pesar de la irrupción fulgurante con la que aparece, la ira está precedida por la evaluación de una ofensa. La aparición de la ira es la segunda parte.
La ira es desencadenada más que por la frustración (como sostienen algunos)  por la idea de que alguien o algo no están agrediendo. Indudablemente el estado físico y mental influye. El alcohol predispone a la furia. Los ruidos fuertes, el estrés, las situaciones repetitivas pueden producir enfado, ira o furia. En estos casos, cuando aparece este sentimiento uno no puede saber por qué.
Hay personalidades propensas a la ira. Ya los antiguos griegos hablaron del temperamento colérico. Posteriormente Galeno interpretaba los diferentes caracteres en función del predominio de cada uno de los cuatro humores: bilis, flema, sangre y bilis negra. Según las combinaciones, unas personas sonríen y son sociables y otras son hurañas y tristes, otras violentas e iracundas y otras indolentes y apocadas. Dejando las consideraciones clásicas a un lado, indudablemente la ira o la calma se aprenden. La cultura esquimal tiene erradicada la ira en el adulto. Lo consideran una actitud infantil.
Es cierto que la ira tiene una función adaptativa. Ha podido influir en la supervivencia del ser humano, puesto que es una actitud que tiende a eliminar al "obstáculo". Curiosamente el castellano relaciona la ira con el valor mediante la palabra coraje, que significa ambas cosas.
Aunque no todas las furias conducen a la agresividad, ni toda la agresividad se originan con la furia, el problema puede venir por la frecuencia y la intensidad y en definitiva por la falta de control. Dijimos antes que los sentimientos son esquemas y que son sistemas híbridos de biología y de información. Puede haber determinismos biológicos que predispongan a la ira, pero también se aprende. Hay influencias familiares, culturas y modelos presentados por los medios de comunicación (cine, publicidad, etc.) y estudios que afirman que animales que normalmente son dóciles luchan con agresividad cuando ese ataque puede reportarles comida o bebida. Otros estudios sobre la conducta infantil indican que hasta en un 80% de las acciones agresivas de los niños son premiadas.
Está claro que a los animales en su medio natural la ira puede reportarles ventajas adaptativas pero a nosotros que vivimos tan alejados de ella, estos impulsos son contraproducentes.
Espero sus comentarios  sobre cada uno de los sentimientos tratados aquí. Muchas gracias. Iba a contarles que estoy muy contento por que el domingo pasado, 19 de febrero, corrí la maratón de Sevilla y además de sarlir vivo lo hice con un tiempo muy meritorio de menos de tres horas, pero claro, esto dicho así, parece pecar un poco de soberbia, que según lo visto es la madre de la envidia..., pero no es eso, es simplemente compartir con vosotros mi alegría.
Un abrazo y hasta la próxima y amorosa entrada.

Comentarios

  1. Me ha enamorado este acertado artículo amigo Jmital, sin generarme ningún sentimiento de envidia, ira o coraje hacia tu bella persona.. je,je... Enhorabuena una vez más...

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  2. Muchas gracias, Manolo, eso es que me lees con muy buenos ojos.
    Un abrazo.

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  3. ¿Cómo se aprenden los miedos humanos? Es muy sencillo. Una vez más la reflexión me lleva a los recuerdos de lo visto y vivido. El niño desde bien pequeño oye constantemente: no hagas eso que te harás daño, no chupes eso que te mueres, si vuelves a decir eso te lavo la boca con lejía…… Otras veces ,sin previo aviso la tierna manecita de casi bebé que tocó algo que no debía recibió un zarpazo de un adulto (padre o madre), o por tirar la comida ya en la boca recibe una bofetada, …¿Qué ya no ocurre? Sí. Y no como maltrato sino como método educativo. ¿Qué tú no lo has vivido y no lo haces? Eso no significa que no ocurra. Luego llega la adolescencia: si vuelves a llegar tarde no sales el próximo fin de semana; o si te veo con tal te parto la cara….. ¿ Y aquello de :duérmete que si no viene el coco y te come? Hoy ,en la SER decía Punset que el niño cree en el coco y le teme porque no ha tenido tiempo aún de aprender otros miedos. No sé.
    ¿Y aquello otro de es pecado vas derecho al infierno?. No me dirás que no ha contribuído el ser humano de todos los tiempos a crear el miedo en los nuevos seres. El castigo o la amenaza de él. En algunas ocasiones, lo que produce el miedo no es una situación, sino tener que enfrentarnos a una situación. El caso más claro, creo, es de las mujeres que no denuncian malos tratos. Muchos se preguntan por qué lo hacen. Pues porque temen que sea peor el remedio que la enfermedad. Y, en otro orden de cosas, cuántas veces no hacemos o decimo algo que deseamos o pensamos por miedo a herir emocionalmente a alguien. Se me dirá: es por amor. Sí. Esa es la respuesta más bonita y que podría ser la causa principal pero, aunque solo sea en el fondo, no deja de ser el miedo a perder la estima del grado que sea de esa persona. Estoy leyendo un libro sobre la antigua cultura griega y en un momento dice que al estima de los demás, eso que hoy llamamos el qué dirán es lo que ha guiado al hombre de todos los tiempos y da unos ejemplos muy curiosos. También ha dicho Punset que en épocas si te despreciaban te echaban de la cueva, en cuyo caso morirías de frio o devorados por las fieras.
    Luego, curiosamente, los mismos que nos enseñaron el miedo ,nos quieren enseñar a perderlo ante el peligro para que seamos capaces de reaccionar. Y otro caso curioso es la situación en la guerra. Ha dicho Punset que en la guerra no se tiene miedo porque no se piensa en él. ¿No será que antes de arrojar a la batalla a unas criaturas que ,tal vez en su vida han matado una mosca, con las arengas con todo eso del amor a la patria y la defensa de la bandera y el honor de perder la vida en su favor , los hacen olvidar que van derechitos a la muerte?
    Hay personas con estilos sentimentales optimistas y pesimistas, miedosos o atrevidos, sensibles o insensibles. Otra vez mis ejemplos. Existe la madre que sufre si el hijo se retrasa 5 minutos, la que se pone histérica, y la que piensa : Se ha liado un poco, hay atasco, no llamo que puede estar conduciendo; si pasara algo ya lo sabría.Y como yo tengo miedo de ser demasiado prolija dejo la envidia para otro día.
    Un abrazo.

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    1. Es muy intersante eso que dices, de actuar no por amor, sino por miedo a perder el afecto o agrado de los demás. El miedo instintivo a ser arrojados "fuera de la cueva". El humano es social por naturaleza y necesita de los demás para realizarse aunque paradójicamente los peligros más grandes provienen de nuestros homínidos más cercanos, en palabras de Punset.
      Juanma

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  4. La envidia
    Es un sentimiento que ya muy al comienzo de la Biblia aparece. Cuando Caín mata a Abel.
    Pequeñez de espíritu, porque nadie que confía en su valía envidia los bienes de otro.
    Castilla del Pino: no se envidia lo que posee el envidiado, sino la imagen que el envidiado proyecta como poseedor del bien.
    Estas son las tres ideas con que me he quedado porque creo que ,a fin de cuentas, están bastante relacionadas.
    En primer lugar, el caso de Caín y Abel. Dice Saramago en su novela CAÍN que Dios,al mostrar predilección por Abel, hacer notar a Caín que su hermano era mejor, fue el auténtico causante de la envidia que llevó a Caín a su crimen. Esta afirmación puede herir sensibilidades pero hace reflexionar en situaciones más cotidianas. Por ejemplo, cuántos padres al establecer comparaciones entre sus hijos y poner a un hermano como ejemplo del otro o los otros, no consiguen el bien que, en teoría persiguen, sino despertar la envidia entre los hermanos. Y esto puede ocurrir en la escuela, en una clase, en el trabajo, o en otras muchas situaciones. Evidentemente estos ejemplos están en estrecha relación con la idea de Castilla del Pino. Caín lo que quería es que Dios lo apreciara a él igual que a su hermano. Señala a este respecto Saramago que no se podía medir por el mismo rasero a los dos hermanos en cuanto a los presentes que ofrecían a Dios pues Abel al ser pastor lo tenía más fácil que Caín que era agricultor. Todos lo que queremos es que se nos aprecie por lo que somos o hacemos, no por lo que tendríamos que hacer en comparación con otros.
    Es cierto que la pequeñez de espíritu puede contribuir, pero no solo a la envidia sino a otras muchas actitudes humanas.

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  5. La imagen que el envidiado proyecta más que sus bienes es la causa de la envidia, es una idea desde luego interesante.
    Con respecto a Caín y Abel, coincido. Caín fue injustamente tratado y eso le llevó a la envidia. Pero de la envidia al fraticidio hay un abismo. Quizás sea una alegoría de lo que muy bien explicas, cuando un padre, con sus mejores intenciones hace comparaciones entre sus hijos para estimularles y lo que hace es que surja la envidia.

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    1. Efectivamente. De la envidia al fratricidio hay un abismo. Y sí, podría leerse en sentido metafórico, a fin de cuentas la Biblia es una gran y hermosa metáfora, razón por la cual a los cristianos de a pie no se nos ha permitido nunca leerla, se nos ha dado interpretada ¿manipulada ,tal vez?. Quizá el autor ( o autores) recogió una leyenda de la tradición oral que llevaría una eternidad rodando de boca en boca. Eligió la versión más cruel, truculenta, dura, o modificó a su gusto la leyenda con fines morales, sociales…¿? ¿? Se me ocurre que no hay por qué entender que Caín mató material y literalmente a su hermano si no que llevado por la envidia lo arrojó de su corazón; lo que mató fue el amor fraterno. A partir de ese momento no quiere saber nada de su hermano “¿Acaso soy el guardián de mi hermano?”(Más o menos). Mucha materia hay aquí.
      Por otro lado la historia de la humanidad está llena de situaciones en que dos hermanos, por un palmo de tierra, dejan de hablarse. Recordemos por ejemplo: cinco hermanos, Sancho, Alfonso, García, Elvira y Urraca ¿os suenan? Enemistados a causa de la herencia dejada por su padre. Sancho y García mueren. A Alfonso, Dios le pediría cuentas llegado el momento, pero antes se las pidió El Cid.

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    2. Me parece muy interesante esa interpretación de la Biblia, no literal. Así tiene mucho más sentido. Tienes toda la razón. Aunque sea muy triste, las personas se ciegan por cosas tan importantes como un palmo de tierra, o parte de una herencia y se pelean. Un Jesuita muy conocido en el mundo educativo "Manuel Segura" comenta como anécdota en sus conferencias, que dos hermanos dejaron de hablarse durante muchísimo tiempo por la herencia de un sofá. El hermano que se lo quedó no lo usaba e incluso tampoco le gustaba, pero a pesar de eso, prefería tenerlo y mantener la enemistad con su hermana. Increíble pero cierto...

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  6. La envidia, de todos los pecados capitales es el peor: es el pecado que lleva la penitencia en sí mismo. El que peca de gula, de lujuria, de pereza... algo disfruta pecando. Pero el que envidia, ¡pobrecito! ¡cuánta frustración y cuánto sufrimiento escondidos!... Y mientras permanecen escondidos, el envidioso es el único que la sufre, pero cuando la envidia llega a manifestarse al exterior es en forma de odio y entonces... ¡cuánto cuidado hay que tener para apartarse a tiempo!.

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  7. Tienes toda la razón Inma. Por eso, los escolásticos en su genealogía de los sentimientos decía que los hijos de la envidia era el odio y la murmuración.
    Juanma.

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