El laberinto sentimental. El imbricado mundo de los sentimientos. I parte.

El laberinto sentimental.
 Acerca del imbricado mundo de los sentimientos.
 I parte

¿Es posible analizar los sentimientos? ¿Encauzarlos y domesticarlos?  O por el contrario tan sólo podemos experimentarlos y empaquetarlos.  Sin duda se pueden estudiar, analizar e intentar gobernar y nos va mucho en ello. Spinoza ya trató hacer una geometría de las pasiones. Sin ser tan pretenciosos aquí va un pequeño análisis.
¿Qué hacer con nuestros sentimientos? Antes de nada, conocerlos. Porque a través de los sentimientos conoceremos nuestro corazón. Los sentimientos que experimentamos son como radiografías de nuestra personalidad.
Para estudiar el campo sentimental podemos recurrir a la Psicología, a la Filosofía, a la Literatura y también al Lenguaje. El lenguaje nos permite profundizar mucho en el intrincado laberinto sentimental que se entreteje en nuestro cerebro aunque a pesar de eso tiene sus limitaciones. Por ejemplo, el castellano a pesar de ser un lenguaje riquísimo no tiene ninguna palabra para llamar a la tristeza que siente una persona ante el bien o la dicha ajena. En inglés existe el término “gloating”. Sentimiento maligno sin duda.
Nos morimos de amor, de miedo, de pena, de ganas, de aburrimiento, pero a pesar de eso, lo preferimos a morirnos de no sentir.
El ser humano necesita sentir continuamente, pero al mismo tiempo detestamos estar siempre sobrecogidos.  La rutina nos aburre, pero la novedad nos asusta.
Los sentimientos, las emociones no son sólo hechos neuronales y procesos bioquímicos. Son además modos de sentir, fenómenos conscientes y experiencias. Estos sentimientos dicen cosas acerca de cómo somos.
Desde antiguo nos han preocupado los sentimientos y emociones. Los platónicos, estoicos, cínicos, epicúreos anduvieron preocupados sin saber qué hacer con las pasiones, si erradicarlas, educarlas, olvidarlas, atemperarlas o arrojarse a sus brazos.  Esto nos pasa a todos. Los estoicos optaron por no desear. Así evitaban toda tentación y todo sufrimiento. Los hedonistas se inclinaron por todo lo contrario. Platón dijo que el éxito de la educación sería el conseguir tener buenos deseos.
Unos sentimientos  nos llevan a otros. Santo Tomás elaboró una genealogía de los sentimientos. Decía que las hijas de la avaricia son la traición, el fraude, la mentira, el perjurio, la inquietud, la violencia y la dureza de corazón. La madre de la envida sería la soberbia, y sus hijas, el odio, la murmuración el gozo en lo adverso y la aflicción en lo próspero. 
Una buena aproximación para conocer los sentimientos, ya hemos dicho es la literatura. Gracias a ella, sabemos que los sentimientos son fenómenos históricos. Cada época tiene sus sentimientos y los valora de manera diferente. Para los griegos la pasión era algo misterioso y aterrador. Pueden forzar al hombre a un comportamiento que le es ajeno. El  mundo afectivo no ha dejado de evolucionar. Ahora las pasiones se sentimentalizan, expresiones tan tremendas como “la furia me arrebató” dejan paso a otras más suaves como “me siento furioso”. Los sentimientos se hacen íntimos.

Nuestro primer contacto con el mundo es afectivo. Nacemos a medio hacer.
¿Me gusta una cosa porque es bella o es bella porque me gusta? Los sentimientos modifican el pensamiento, la acción y el entorno; el entorno influye en el pensamiento, los sentimientos y la acción.
Nuestro estado sentimental no permanece permanentemente estable. Los fenómenos afectivos tienen una peculiar relación con el tiempo. La duración puede alterarlos. Una situación excitante puede convertirse en aburrida si se prolonga. La furia, si dura mucho tiempo se convierte en rencor (palabra que tiene la misma raíz que rancio, y que significa furia envejecida y enconada).
Esto mismo lo dice Spinoza (aquel filósofo judío de piel cetrina) de una manera muy elegante: "Ocurre con frecuencia que, mientras disfrutamos de la cosa que apetecíamos, el cuerpo adquiere, en virtud de ese disfrute, una nueva constitución, por la cual es determinado de otro modo que lo estaba, y se excitan en él otras imágenes de las cosas, y el alma comienza al mismo tiempo a imaginar y desear otras cosas" (Ética, III, prop.59).
No todos los sentimientos se dan al mismo nivel. Por eso pueden existir algunos contradictorios y convivir. El lenguaje, precioso instrumento para conocer cómo funciona y siente el ser humano, habla de sentimientos profundos y superficiales como por ejemplo, capricho: deseo tornadizo, o arrebato, un pronto violento y efímero.
Los sentimientos son una puerta de acceso a nuestra intimidad no consciente. Ya lo dijo Gracián "Son las pasiones los portillos del ánima"
Una de los aspectos interesantes de los sentimientos es que son experiencias cifradas, aunque casi siempre parezca que son muy claros. ¿Cómo no voy a saber si estoy  enamorado, furioso, aterrado o melancólico? ¡Cuidado! aunque parezcan sentimientos muy nítidos, una cosa es la claridad del significado de la experiencia (percibir que sentimos) y otra muy distinta la claridad del significado de la experiencia. Piense por ejemplo en los celos. Los celos no cuentan una historia de amor, sino de posesión e inseguridad. Para el siquiatra Castilla del Pino, todo celoso es un inseguro en uno o varios parámetros de su identidad. Aunque prefiero el análisis de mi venerado Cervantes " Nunca los celos, a lo que imagino, dejan el entendimiento libre para que pueda juzgar las cosas como ellas son: siempre miran los celosos con antojos de allende, que hacen las cosas pequeñas grandes, los enanos gigantes y las sospechas verdades".
Los celos es un ejemplo del mensaje cifrado que expresan los sentimientos. Es claro cuando uno siente celos, pero no tan claro qué significan realmente. ¿Desconfianza hacia la persona querida? ¿apego profundo? ¿malestar por el éxito del rival? ¿temor  a perder o tener que compartir una posesión?
Por favor, me gustaría saber sus opiniones y reflexiones acerca de esto. Escriban algún comentario. ¡Hasta la próxima entrada!

Comentarios

  1. Me parece un tema muy interesante... Creo que la Real Academia de la Lengua Española define la "envidia" como "tristeza del bien ajeno".
    El contenido de esta entrada me parece fascinante. Cada frase es digna de análisis y reflexión. El ritmo de tus ideas me resulta frenético y muy instructivo.
    En cuanto a los sentimientos, ¿podríamos desarrollar la capacidad de desechar los sentimientos negativos?, y si no es posible desecharlos, ¿cómo controlarlos?; si es imposible controlarlos internamente ¿cómo controlarlos externamente sin que esto a su vez nos produzca mayores sentimientos negativos...?
    ¿Los sentimientos negativos enquistados, es decir, sentidos a largo plazo, producen en nuestro organismo efectos físicos indeseables?

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  2. ¿Analizar los sentimientos, encauzarlos etc.? Quizá sí, ma non troppo. Me inclino mejor por experimentarlos y no creo que eso deba implicar empaquetarlos. Naturalmente todo es relativo. Habrá ocasiones en que uno deba analizar sus sentimientos, al menos desde algún punto de vista, incluso encauzarlo; sobre todo algunos como la envidia, el odio, el rencor. Incluso, visto lo visto, el patriotismo Por ejemplo, cuando nos enamoramos o creemos que estamos enamorados, posiblemente sería bueno plantearnos un análisis pues podría ser que estuviéramos confundiendo amor con compasión, amistad, o simplemente atracción y las consecuencias serían nefastas. Por otro lado, si todo lo analizamos, estudiamos,……¿en qué quedan los sentimientos? Es algo que me he planteado más de una vez
    ¿Los celos?¡Ay, los celos! Puede ser verdad la opinión de Castilla del Pino, y sin duda lo es muchas veces. En el ámbito de los profesional puede influir la inseguridad ,pero también l contrario. El caso es que podríamos pasarnos la vida planteándonos todos los posibles porqués, a lo Mouriño, vamos. Pero yo también me inclinaría por Cervantes, idea que relacionaría con eso de que al celoso, como dicen en tu tierra “los dedos le parecen huéspedes” Conozco personas muy celosas que no tienen nada de inseguras y otras (como yo, dicho sea de paso) que son bastante inseguras y no son nada celosas. Puede tratarse de desconfianza hacia el otro/a y quienes le rodean: En ese caso yo le preguntaría al celoso ¿Qué. Piensa el ladrón que todos son de su condición? Yo lo relacionaría fundamentalmente, en el caso de la pareja, con un sentimiento de posesión.
    Y....se me queda mucho en el tintero o el teclado.

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  3. Hola, Inma. Los sentimientos negativos cuando se prolongan en el tiempo se transforman. Por ejemplo, rencor (viene de rancio) un odio que se mantiene en el tiempo. En mi opinión estos sentimientos negativos, producen sobre todo merma de energía y de fuerzas para afrontar otras cosas que puedan enriquecer al sujeto. La envidia es tristeza por el bien ajeno, sí, pero ¿cómo podríamos llamar a la alegría por la tristeza ajena?.
    Juanma.

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  4. Hola, Maria Antonia. Una de las próximas entradas sobre el mundo de los sentimientos está dedicado al Amor. Expondré qué criterios se pueden utlizar para responder a la pregunta de si estamos enamorados. Y nos sorprendermos por que algunos de los criterios más empleados quizá no sirvan. Con respecto al amor, se pueden experimentar sentimientos confusos, que al ponerle en nombre de "Amor" parece que nos aclara y ya sabemos como actuar, pero en realidad no es amor. Quizá el amor no exista...
    Con los celos, coincido plenamente contigo, revelan dudas de la persona que los siente y sufre, pueden decirnos mucho de la persona que los padece.
    Juanma

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  5. Enhorabuena por tu entrada. Haría falta mucho tiempo para tratar tantos temas y tan interesantes como lanzas aquí. Pero ya que preguntas por los celos, voy a darte mi opinión. Normalmente los celos tienen una dimensión muy subjetiva, es decir, atañen casi exclusivamente a la persona que los padece, y digo bien, porque creo que los celos son de los sentimientos que más hacen sufrir, la persona objeto de esos celos normalmente no hace nada para provocarlos. Pienso que reflejan más que nada temor a la pérdida como consecuencia claro de una cierta inseguridad sobre uno mismo y sobre los sentimientos que genera en el otro ¿quién no ha sentido ese tipo de celos alguna vez? Pero luego existen esos celos que podríamos llamar patológicos y que arrastran en ocasiones una consecuencias tan desastrosas y que derivan de un intenso sentimiento de posesión. He observado que los celos se dan más en personas menos generosas o más posesivas en otros aspectos de la vida, incluso en el material.

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  6. Totalmente de acuerdo. Hay sentimientos malignos que a diferencia de los celos, provocan cierto bienestar en el sujeto cuando se desencadenan como por ejemplo la ira, como muy bien precisó Aristóteles. Supongo que habrá muchas causas para los celos. Inseguridad, posesión. El sentimiento de pérdida, sobre todo el de una pareja sexual, a manos de otro, (esto en clave de sociobiología), etcétera.
    Juanma.

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  7. Juanma,
    Me parece un blog estupendo y el post es muy bueno.
    Sigue escribiendo, por favor

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    Respuestas
    1. Muchas gracias por participar en este blog. Deja tus comentarios para enriquecerme yo también.
      Un abrazo, por favor y seguiré escribiendo.

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