El pecado capital de la SOBERBIA

El pecado capital de la soberbia

Este pecado es considerado como el primero de la lista.   Pecado de carácter espiritual como muy bien afinó Tomas de Aquino al hablar del pecado de Lucifer que como ángel quiso subirse a los cielos y alzar su trono por encima de las estrellas de Dios (Isaías (14,13-14).
En los catecismos se definía a la soberbia como el deseo de ser a otro preferido. Aunque esto más bien es vanidad. En sentido estricto el soberbio no necesita a nadie. O quizás sí. Quizás necesite un público que acate y admire su saber y poder. Y eso alimentará su arrogancia. Algo de esto está en la base de los grandes sistemas totalitarios del siglo XX como el nazismo, el estalinismo y otros regímenes de terror como los instaurados por los jemeres rojos, Pol Pot, Mao Zedong y otros que quisieron crear al hombre nuevo sobre la desgracia y la sangre de todos los anteriores.
En la genealogía de los pecados, el origen de todos ellos es la soberbia. En la Biblia fuimos expulsados del paraíso tras el pecado de nuestros primeros padres. En la mitología griega sucede otro tanto parecido con el mito de Prometeo que robó el fuego a los dioses. Para San Agustín, la soberbia no solo es el primero de los pecados sino la señal de la naturaleza corrompida.
Mesa de los pecados capitales.  Detalle de la soberbia. El Bosco 1485.

Algunos pensadores consideran que en la Edad Media se colocó a la soberbia como pecado capital porque era un modo de controlar y someter al crítico. A la persona con profundidad de miras que podía cuestionar cosas, se le podía tildar de soberbio. En una época muy jerarquizada, en que se daba una interpretación sagrada del poder era muy cómodo y útil para los mandamases atacar al crítico y convertir al rebelde contra el poder establecido en un rebelde contra Dios. El crítico aparece como un soberbio.
Otra explicación para situar a la soberbia como el peor de los males, además de su utilización política de la moral es que la soberbia produce el desprecio y la indiferencia hacia los demás. Lo dijo I. Kant "La soberbia consiste en exigir a otro despreciarse a sí mismo en comparación con el soberbio".
Los sistemas totalitarios saben que el mejor  sistema para mantener a un pueblo en la esclavitud es aquel en que las propias víctimas torturadas se dejan conducir a la muerte sin protestar hasta tal punto que dejar de afirmar su propia identidad.
Ya lo atisbaron los griegos mucho antes: "El orgullo engendra la tiranía".
La soberbia es una arma de dos filos porque empujando al hombre a lo alto puede hacerlo despeñar. Esto manifiesta un conflicto entre "humildad" y "excelencia".
Los teólogos medievales afirmaban que la soberbia es peligrosa y     la humildad virtuosa. Aparece un conflicto. Por un lado es bueno aspirar a grandes metas. Los griegos admiraban la grandeza de alma, el gusto por emprender y acometer grandes tareas y la teología medieval se afana por conciliar este ideal de grandeza con la humildad.
Tomas de Aquino el conciliador del pensamiento platónico y aristotélico con la doctrina cristiana no quería abandonar la concepción de Aristóteles sobre la tendencia humana a vivir para realizar grandes tareas para lo que está dispuesto a sacrificarlo todo y  tampoco puede abandonar la tradición defensora de la humildad  y para conciliar ambas posturas afirma que si la búsqueda de excelencia sigue la regla de la razón divinamente esclarecida entonces no es un vicio si no un deseo recto y entra dentro de la magnanimidad. Otros teólogos no comparten esta visión y dicen que si la virtud aristotélica de la magnanimidad es el deseo de honores y reconocimiento; ésa no es la doctrina de Cristo. Y que la principal virtud para alcanzar la verdad es la humildad. Otros dicen que tanto la magnanimidad como la humildad son virtudes pero que la primera lo es más que la segunda. Es decir, a la soberbia le pasa como a la valentía. Tiene un lado admirable y otro terrible.
Por tanto, habrá que diseccionar a la soberbia y separar sus cosas buenas como afán de emprender cosas buenas, valentía, tenacidad para desechar las malas. Ya lo dijo, Shakespeare: "Es bello tener la fuerza de un gigante, pero es terrible usarla como un gigante"
Por esto es precisamente la soberbia un pecado del espíritu porque aprovecha una tendencia positiva del ser humano, sus ganas e ímpetu ascendente y de ahí su lado atractivo pero lo pervierte y de ahí procede su horror. Y de esto, desgraciadamente, ha estado plagada la historia del siglo XX.
Además de estar en la base de los regímenes autoritarios y criminales antes mencionados la soberbia conduce a desprecio por los demás. La afirmación del soberbio se produce por la anulación de  los otros. Esta es la base de todos los genocidios. Se deshumaniza al enemigo para insensibilizar al asesino y prepararlo para la brutalidad y la crueldad sin reparo alguno. Los teólogos medievales decían que la soberbia es la madre de la envidia y el hijo de la envidia el odio. La soberbia y su deseo desmedido de ser admirado e imponerse a los demás viendo  como enemigo a cualquiera que pueda hacerle sombra.
La soberbia puede ser un buen ejemplo para estudiar el deslinde entre virtud y vicio. El ser humano tiene tres grandes deseos básicos: deseo de placer, de vinculación social y  de ampliación de posibilidades. Cada uno de estos deseos puede convertirse en virtud o vicio. En el caso de la ampliación de posibilidades, el de sentirnos capaces, el de poder hacer, si este deseo, decimos, nos lleva a emprender y a realizar cosas nobles es virtud, si por el contrario nos lleva a anular a los demás, es un vicio. Por tanto, la clave está en lo que se considera como noble y bueno. La soberbia buena sería entonces orgullo en el sentido de no olvidar la propia grandeza pero ¡cuidado! la historia del hombre está plagada de tragedias por deslizarse la actividad de un punto bueno y noble a otro malo.

Comentarios

  1. Muy interesante el comentario. La verdad es que de este pecado/virtud según se mire, sé muy poquito. No obstante,me parece acertado el último párrafo.

    ResponderEliminar
  2. Coincido plenamente. Y vuelvo a pensar que para no caer en el vicio habrá que tener ese " punto medio" tan necesario para todo...

    ResponderEliminar
  3. El hombre siempre ha sentido fascinación por el poder, por ser más, saber más que los demás y someter su voluntad. En sentido estricto, la soberbia es el primer pecado del hombre, es querer ser más que hombre, querer superar su naturaleza humana, ser como Dios. Eso fue lo que nos expulsó del Paraíso, el deseo de conocer lo que nos estaba vedado conocer. Y eso fue lo que provocó que Prometeo fuera castigado y lo que llevó a que en la torre de Babel nadie terminara por entenderse. Las religiones siempre han intentado que el poder absoluto fuera divino (el poder terrenal era concedido por Dios) y los humanos sólo teniamos que someternos a él para ser "buenos" fieles, quizás porque desde siempre hemos comprendido que el hecho de que un hombre con gran soberbia tome el poder omnímodo sobre los demás sin una pizca de piedad suele resultar una gran catástrofe. Como tú mismo comentas, los regímenes totalitarios del pasado siglo y sus cruentas consecuencias nos han enseñado a temerlos... pero eso no ha disminuido la pasión del hombre por el poder, desde luego.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Tu comentario es muy útil para mí. Tus reflexiones enriquecerán las mías. Y constituyen la esencia de este blog. Muchas gracias.

Entradas populares