Sexo, lujuria y economía.

Una parábola de la situación económica actual.

Sobre sexo, lujuria y economía
Permítaseme que con la canícula veraniega  uno haga digresiones  rocambolescas simulando una parábola de la economía patria a cuenta del sexo, la lujuria y algo más.

   Imagínense a una señora cualquiera  en su lecho conyugal  (el de ella, no el del lector)  sorprendida por su marido  con otro (que está con ella, en la cama, no con el marido). La sorpresa debe de ser mayúscula para los tres.  El marido que hasta ahora ha costeado la despreocupada vida de su esposa e incluso ha consentido y alentado a que llevara una vida sin demasiadas cortapisas (pero no tantas)  se siente  indignado por aquel cuadro. Mira, incrédulo, al amante. Un joven  sin oficio ni beneficio, salvo ,claro está, el de beneficiarse a su señora (la del marido, se entiende).
Como reacción    le ordena taxativamente  ( la considera poco menos que una pertenencia) que expulse de su vida y de su cama, naturalmente, a ese rufián que se lleva la mejor parte, en forma de polvos y él en  cambio debe de cargar  con todo lo demás, con otras cuestiones sin duda más abnegadas y no tan placenteras. A la señora  le cuesta reaccionar, aun todavía  abrazada a su bello amante, pero en seguida capta el órdago. Toda su vida (su buena vida) puede peligrar y  aparta, a empellones, al que instantes antes llamaba tesoro y ahora le grita poco menos que gañan embaucador. El amante desconcertado se esfuma de la escena a regañadientes y altivo  para pesar de la esposa y alivio, en parte, de la ira del esposo. La señora todavía con el corazón disparado  suspira aliviada por que al escuchar subir a su marido por las escaleras, le dio tiempo de ocultar en el armario a otro amigo (del rufián anterior y que dada la calidez y cordial naturaleza hospitalaria de ella no pudo dejar en la puerta y lo invitó también a la cama). Respiró profundamente con el miedo todavía en el cuerpo ( y escozor  en algún otro sitio también) pensando sobrecogida  qué hubiera pasado si el marido hubiera advertido su condición de cornúpeta por partida doble.  Pensó, con buen criterio,  que si ya de por sí podría hacérsele duro verla con otro, mucho peor hubiera sido haberla visto con dos. Ella se rehízo y como poseída por una ataque de puritanismo se  incorporó de la cama, cubriéndose parcialmente con aquellas arrugadas sábanas. Pidió perdón desconsoladamente a su marido que erguido ante ella la miraba despreciativamente.  Justo desde ese momento la regalada vida de aquella mujer otrora relativamente feliz se transformó. Cualquier movimiento tenía que ser autorizado por él y su acceso al dinero absolutamente limitado. Sus paseos aderezados con compras y cafés, cafés y compras, sus salidas matutinas deportivas, vespertinas y las nocturnas desaparecieron. Y ella, en el fondo, contenta de no haberse descubierto su fondo de armario hasta que de repente, las malas lenguas y el rencor informaron a su marido de que eran  más de uno los que le proporcionaban a su esposa momentos solaces en su lecho. Eso fue demasiado. Aquel señor se lleno de ira y cólera, aun más, preguntándose como su señora había podido llegar tan lejos.

Dio el marido una nueva vuelta de tuerca y   redujo la vida de ella poco más que a la de  asceta.  Ella se resistió, haciéndole ver que en caso de separación podría suponerle una merma a su cuenta corriente muy importante y llevarse un buen bocado. Estos considerandos tan llenos de amor como de realidad práctica que le planteó la esposa le hicieron dudar un poco pero después, fruto del martirio y de la reconcomia  se plantó en sus trece  y le ordenó  sin ambages a vivir prácticamente como monja de clausura, hasta que saldase su deuda y él decidiera revertir o reconducir la situación. Apostillando que si decidiera romper el matrimonio cambiaría y ocultaría todo el patrimonio a fin de que no se llevara ni un céntimo. Esto, mal que bien, podría ser una parábola sobre la economía española y la situación actual.  Cambien  en esta historia y  en lugar de esa pobre y alegre señora pongan a España y su economía, y como forma de vida cómoda que derrapó en lujuria desenfrenada costeada por el marido,  la que se permitió España  al amparo de créditos y más créditos concedidos alegremente por los mercados, sean quienes sean los mercados,  un nivel de vida excesivo y derrochón al albur de políticos egocéntricos, en forma de tranvías sin ton ni son, aeropuertos sin aviones, proliferación exorbitada de entes públicos sin funciones ni cometidos de interés, contratando mucha más gente de la necesaria para unas cosas, las superfluas y racaneando en lo esencial y en esas estábamos cuando en un momento dado, un soplo, una intuición, o el deseo de mayor control hizo que el marido dudara de la fidelidad de su esposa e intentara sorprenderla, en el caso de España, la caída de Lehman Brothers primero y  su elevado déficit, paro alarmante  y  perspectivas tan negativas de crecimiento después hicieron que esos mercados y Alemania o Merkel le pusieran la soga al cuello de nuestra  España restringiéndole el crédito y con elevados intereses, de la noche a la mañana, y que le exigieran, de repente, drásticos cambios en su política de gastos. España, al principio, torció el gesto pero acató resignadamente aquellos nuevos mandatos, aliviada en parte porque no se conocía en el mundo todavía el disparate de las diecisiete autonomías gastando como locas y a su aire, como la señora que aceptó con resignación cristiana el enfado del marido, y contenta en el fondo por no haberse descubierto todo el pastel. Aceptó reducir el gasto y empezar a realizar brutales reformas con el descontento al principio de muchos enchufados y vividores que igual que el amante herido en su orgullo protestaron, pensando que quizás sólo con eso podría ser suficiente (que ni lo era ni tampoco a diferencia de la señora, España terminó de quitarse)  Para después afectar a todos los demás sufridos ciudadanos, con subidas de IVA, de IRPF, de otros impuestos, exceptuando, curiosidades de la vida, a las grandes fortunas.   Poco duró este alivio, porque Alemania, con su Banco Central Europeo (porque es suyo) encabezado por Draghi  y los mercados sin cabeza visible pero actuando como una manada de lobos frente a la débil presa que antes fue Irlanda, Portugal, Islandia y ahora es España (a Grecia ni la cuento) y viendo que tenían la sartén por el mango, empezaron a apretarnos casi con delectación  más y más. España ante eso, sintiendo ya la falta de aire por apretarle tanto la soga,  amenaza diciendo no podían rescatarla (por su tamaño) ni tampoco dejarla hundir  porque en esa  caída supuestamente nos llevaríamos por delante  la unión monetaria también. En un primer momento, los mercados, como el señor cornudo de la parábola, reflexionaron y aflojaron la soga en torno al cuello, (la prima de riesgo y los intereses de la deuda bajaban) para a renglón seguido seguir con sus nuevas políticas más convencidos aún. Confiados en que en si en este mundo Dios  es el dinero, ellos son sus ángeles.  Por tanto a España no le quedaría más remedio como  aquella pobre señora que vivió  como le dejó su marido y nosotros con arreglo a lo que dicten los mercados . O eso o vivir como parias. Después de aquella tormenta tanto la señora como  España con el espíritu cogitabundo que deja una vida sosegada sin poco que hacer aunque se quiera, dirán ¡ay! si hubiera sabido emplear mi libertad bien, y me hubiera conformado con disfrutar de lo bueno, regaladamente sin tanto exceso y hubiera invertido bien mi tiempo y dinero, otro gallo hubiera cantado. Si quieren pueden invertir los papeles en el matrimonio de la parábola o duplicarlos en formato varón-varón, mujer-mujer, como quieran, en aras de la modernidad e igualdad  y para evitar cualquier atisbo machistoide pero  el caso es que yo me quedo sin paga extra y con, de momento tres recortes en el sueldo y encima no me puedo quejar.

No sé si les habrá gustado, es algo atrevido y descabellado. Espero que les haya parecido al menos ocurrente y ameno para este verano.
Un cordial saludo.

Comentarios

  1. Magistral parábola amigo Jmital, que resume el resultado de tanta orgía de corrupción y despropositos de esta nuestra patria... Enhorabuena (una vez más monstruo).

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  2. Me alegro mucho de que te haya gustado. A ver cómo termina la historia....
    Un abrazo.

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  3. Manuel Jesús Cejudo14 de agosto de 2012, 12:08

    Muy ocurrente y entretenido, con esa carga de humor típica tuya.Me ha gustado y como tú dices, ya veremos como acaba la historia.Un fuerte abrazo

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  4. Esperemos Jesús que la cosa no pase a mayores. Un grande y fuerte abrazo.

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