El laberinto sentimental. VI Parte. El amor. ¿Cómo saber si amamos de verdad?

El sentimiento del amor
¿Cómo saber si amamos algo o a alguien?
Es un sentimiento vago. Muchas veces experimentamos sentimientos confusos y al catalogarlos con la palabra amor, parece que esto ayudara a clarificar lo que sentimos. Sería mejor calibrar lo que sentimos para saber si es amor y qué tipo de amor, o más bien algo emparentando. Esto es muy importante sobre todo por que tomamos decisiones vitales en nuestra vida mediante procesos extravagantes, y para complicar más las cosas, al catalogar algo como amor, ese sentimiento encaja en una red de significados culturales que imponen, exigen o nos hacen esperar del amor cosas  que ni siquiera podemos imaginar. En la calle, la gente suele decir que el amor no dura siempre, pero entonces ¿por qué las separaciones de las parejas se perciben como fracasos? cuando según esto sería lo más normal.
¿Cómo sabe si usted ama algo o a alguien?

  Para poder dilucidar mejor este sentimiento de amor, vamos a exponer algunos criterios que nos permitan identificarlo o al menos que nos ayuden. Estos criterios pueden ser: Deseo, interés, tristeza por la ausencia y alegría por la presencia de la persona amada. Analicémoslos:
Deseo. Podríamos responder de primeras: El deseo me dice qué cosa o qué persona amo. El amor es una tendencia a la posesión. Si nos referimos a objetos no hay problema, pero aplicado a personas no ayuda a clarificar. El sentimiento amoroso puede darse a distintos niveles, y al existir solo una palabra, podemos confundirnos si no precisamos más.
Los griegos distinguían entre amor como deseo (Eros) y amor como amistad (Philía). Sólo amaba eróticamente el que deseaba, no la persona deseada. Ésta en todo caso respondía al amor. El amor era para ellos unidireccional. Además separaron el placer del matrimonio. Decían que instituyeron el matrimonio para evitar el sexo libre y para que los padres y los hijos pudieran conocerse. El sexo en el matrimonio pasa a considerarse trabajo y no placer. Dejaban por tanto, a Eros fuera del matrimonio (Postura un tanto dura y extrema ¿no?)
Los escolásticos fueron más finos. Consideraban al amor como la contemplación de un bien. La percepción del atractivo de una cosa o persona. Esta contemplación es la que despierta el deseo. Pero introdujeron el deseo no solo dentro del amor sexual, sino en todos los demás amores. El amor de una madre hacia su hijo es un deseo de cuidarle, el deseo despertado por la amistad es el de hablar, compartir cosas, divertirse juntos. Cada uno de estos deseos tiene una forma de satisfacerse.
Por tanto, es insuficiente relacionar amor y deseo si no precisamos que tipo de deseo tenemos. No hay amor sin deseo, pero no cualquier tipo de deseo puede considerarse amor.
Interés. En el caso del enamoramiento es evidente. Nuestra atención se fija con más frecuencia de lo normal en una persona. Nuestra atención puede ser absorbida por muchas cosas: obsesiones, preocupaciones, fascinaciones que pueden hacernos creer que es amor pero que quizás solo signifiquen una profunda implicación del sujeto en un acontecimiento.
El interés que despierta el enamoramiento confunde bastante, el sujeto al sentirse interesado en algo se libera del tedio y esto se vive con alegría. Aparece la euforia, la ligereza, el olvido de los disgustos y baches de lo cotidiano, vivir en una nube, pero ¡cuidado! también intensifica nuestra vida otras acciones, como la que experimenta un asaltador de bancos. El amor procura una experiencia intensa, pero no toda experiencia intensa es amor.

Tristeza por la ausencia o lejanía.  Parece claro que el dolor que experimenta una persona ante la ausencia de su ser amado es prueba amor. Está claro que la tristeza por la ausencia es una característica del amor, pero no toda tristeza motivada por la ausencia es amor. Un torturador también siente aflicción cuando su víctima se aleja, porque no quiere perder esa relación cruel, en la que encuentra su ambición de poderío. Un amor negro.
Alegría por la presencia de la persona amada: Este criterio parece certero. Siento que amo a una persona por la alegría que experimento cuando está presente. El único inconveniente es que hay un excesivo protagonismo del Yo, del amor propio. Exagerando un poco la cosa, podríamos decir que un sádico también siente alegría ante la cercanía de de su víctima a la que quiere someter. Incluso cumpla con los anteriores criterios, deseo, interés, tristeza por la ausencia de la víctima y alegría por su presencia, pero esto no es amor, porque la satisfacción del sádico tiene  su origen en el sufrimiento de la otra persona.
Quizás en un sentido muy profundo, el amor se da cuando aquella persona u objeto justifica nuestros proyectos y nuestra existencia. En otras palabras, cuando se dan las anteriores circunstancias y hay además ganas de hacer cosas juntos, quizás estemos hablando de amor. Una amor así considerado promueve e incita a la acción. Curiosamente frente a la pereza está la diligencia, que procede del verbo diligere, que signfica ¡amar! Por lo visto, lo contrario de la pereza es el amor. Más sorprendente aun es que antes del término pereza se usaba "acidia", un estado de ánimo que se consideraba una tristeza molesta y que deprime el ánimo del hombre. Sería la indolencia del alma. Muy interesante, el lenguaje nos relaciona tedio frente amor. Puesto que el amor es acción habría que distinguir entre amores perezosos y amores "diligentes". En definitiva, cuando nos preguntemos si amamos a una persona, quizás deberíamos preguntarnos ¿Qué es lo que estaríamos  dispuestos a hacer con ella? Quizás el amor más grande que pueda existir sea el de una persona que es feliz por el simple hecho de que su persona amada  lo sea, esté junto a ella o en la distancia. Quizás el amor sea una entelequia, algo ilusorio.
Espero sus comentarios al respecto.  Los leeré con suma antención.

Comentarios

  1. Del amor no me atrevo a reflexionar porque me enzarzaría en una serie de elucubraciones que me llevarían irremediablemente a un laberinto de recovecos sin salida.
    Ahora bien, habida cuenta que tú has traído a colación a los griegos, voy también yo a referirme a ellos. Dice Souvirón en su libro “Hijos de Homero” que entre los griegos no existía el amor tal y como lo entendemos hoy. Se refiere al amor que conduce a un hombre y una mujer al matrimonio. En el mundo griego el matrimonio se concertaba por intereses muy alejados del amor, fundamentalmente se trataba e motivos económicos y necesidad de procrear. Así las cosas a la mujer se la fue despojando de cualquier posible derecho: no podía tener posesiones propias, ni heredar de su padre; por tanto no tenía libertad. Cuando la sociedad griega llegó a basarse en la producción, como parte de esa producción es la reproducción, la mujer, por su naturaleza se convirtió en el eje de la reproducción humana. Sin ahondar más en el tema diremos que el hombre, a fin de cuentas, al casarse compraba una esclava.
    En esta situación de la mujer surge el amor lésbico del que tanto se ha hablado a propósito de Safo: “Si una mujer deseaba amor, amor simplemente, no contaminado, puro, debía buscarlo fuera del matrimonio y ,por lo tanto lejos del hombre…….debía buscarlo en otra mujer….”
    Bernardo SouvirónmmBernardo Souvirón. “Hijos de Homero”. Alianza Editorial..

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  2. Creo que los griegos no estuvieron muy finos en la categorización del amor. Su distinción entre eros y philia me parece bien, pero eso de separar al amor del matrimonio y de postergar a la mujer pues claro que no. Ya tengo otro libro pendiente de lectura. "Hijos de Homero". Muchas gracias.
    Juanma

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  3. De todos modos, no estaría mal meterse en un laberinto con recovecos sin salida. Siempre podemos abandonarlo. A lo mejor se aprenden cosas interesantes...

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  4. Hola Juanma, el amor paterno filial es lo mejor de la vida, cuestión que determinados sectores fasciofeministas quieren cercenar al padre varón.

    saludos, Pedro Latorre

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  5. Pues Pedro, me parece muy mal que nadie intente quitar el amor de un padre varón por sus hijos. O de alguna manera ninguneralos. Eso es una perversión. Desgraciadamente los malos sentimientos no son infrecuentes.
    Un abrazo, Juanma.

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